EL CASTILLO

La historia del castillo va íntimamente ligada a la de nuestro pueblo, ya que en un principio fue castillo Romano, después Árabe y finalmente de los Condes.
Tan larga andadura es difícil de resumir en un artículo y conseguir, además, que sea ameno y anime a su lectura. No obstante D. Rafael Fernandez Gonzales, lo ha conseguido en el siguiente artículo publicado en el Boletín de la Real Academia de Córdoba y que he elegido para describir la historia del mismo.


Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes
Fundada en el año 1810
Incorporada al Patronato «José María Quadrado. del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
AÑO XXXVIII ENERO - DICIEMBRE 1969 Núm. 89

EL CASTILLO DE BELALCAZAR
Por RAFAEL FERNANDEZ GONZALEZ


SITUACION Y DESCRIPCION DEL CASTILLO DE BELALCAZAR

La zona Norte de la provincia de Córdoba, comprende una extensa y rica comarca, a donde afloran los puertos de Sierra Morena y sirve de enlace, con Extremadura y la Mancha. Esta comarca que en la época romanase llamó Silense y en la árabe Fahs al ballut, tuvo por capital la actual villa de Belalcázar, nudo de comunicaciones de los caminos de Toledo a Sevilla y Córdoba. Trescientos metros al Norte de la villa y en un cerro de mediana elevación que ocupa un pronunciado meandro del arroyo de Gahete (hoy Caganchas), tiene su asentamiento el castillo de Belalcázar.
Este castillo fue construido en el interior del recinto de la primitiva alcazaba de planta cuadrangular que ciñe el meandro del arroyo, minúscula península de estrecho istmo.



I. LA ALCAZABA
Puede considerarse toda la fortificación desde la fuente situada a la salida de la villa, que es un pilar muy largo rodeado por tres lados de un terreno más alto con balaustrada formada de muletas de pie y otras transversales, y en una esquina un pedestal con las armas de los Sotomayores y Zúñigas. De allí arranca una calzada, que pasa el arroyo Gahete por un puente de piedra granítica casi destruído, y se dirige directamente a las primeras organizaciones defensivas. Este arroyo las circunda en casi todo su perímetro, por lo que asemejan estar situadas en una isla. En distintos lugares se encuentran restos de esclusas, con las que cortaban la corriente a conveniencia, para llenar los fosos o para reponer los aljibes.
Todo el cerro está amurallado, formando un recinto de tapiería con los ángulos protegidos por torres de planta cuadrangular y otras espaciadas con una cierta regularidad. Lo conservado de época musulmana, se ofrece como obra homogénea, de traza acomodada a la configuración del terreno, tipo de fortificación que aparece en el siglo X en el Andalus, y parece proceder de la arquitectura militar bizantina (2).
Adelantadas sobre el arroyo había torres albarranas, que se unían a la muralla por otra saliente. De estas hay dos en regular estado de conservación, una la más antigua con cámara donde se puede entrar, y la otra que está unida a la alcazaba por un gran arco la mitad de piedra y la mitad de ladrillo, está desmochada, y era un tomadero de agua avanzado sobre la corriente, en su espesor tiene un pozo. En la parte hueca y hoy perdida, debió existir una noria y sobre el puente un conducto cubierto.
Toda esta edificación exterior o primer recinto, está al descubierto y bien conservada en lo que mira al cauce del arroyo, y desmochada lo que volaba desde el interior. Según parece, la primitiva población ocupaba el recinto de la alcazaba, y fue extendiéndose hacia el Sur quedando ésta como arrabal con el nombre de Villacerrada. Esta plataforma interior es muy grande, y a un lado se encuentran las ruinas de la iglesia de piedra de pizarra sin labrar, al igual que las murallas descritas. En estos deformes paredones, quedaba un nicho tal vez antiguo retablo, cuyo fondo está estucado, conservando parte de los adornos mudéjares en rojo y blanco que lo decoraban, y que recuerdan las pinturas de la capilla de Villaviciosa en la Catedral de Córdoba hechas a fines del siglo XIV. Esta iglesia está situada entre el N.E. del castillo y la cerca de la alcazaba (3).


II. EL CASTILLO
Centrado en la plataforma y en la cúspide del monte, se eleva el castillo de los Sotomayores, de planta casi cuadrada, compuesta de ocho torres altísimas de planta también cuadrada, unidas por los correspondientes lienzos de muralla. Cuatro torres están en las esquinas y cuatro en los centros de los costados, descollando sobre todas la del homenaje. En los costados Este y Sur está al descubierto el anchísimo y profundo foso, que los señores de Belalcázar abrieron en el espesor de la cantera pizarrosa que constituye aquel monte. Es casi seguro que el foso correría por los cuatro costados, pero hoy solamente lo hace por dos. Toda la construcción es de sillares de piedra granítica del país, y como se hallan en perfecto estado de conservación, destacan bien en el despiezo, las marcas de los canteros muy repetidas, y de las cuales algunas pueden tener valor histórico, pues sus inscripciones dan a conocer, que los obreros eran muchos moriscos o mudéjares que estampaban signos arábigos.
El costado Norte de la fortaleza, comienza por una torre  situada al extremo Este y es una de las cuatro esquinas del cuadrilátero, su planta es cuadrada de 7,20 metros de lado y 22 de altura hasta los matacanes, con un hueco de ventana próximo a éstos. A continuación sigue un lienzo de muralla de 17 metros de longitud, 2,8 metros de ancho y 18 metros de altura, que enlaza con la segunda torre. En esta cortina está la única puerta que hoy tiene el castillo, y es de arco semicircular con molduras y recuadro, que parecen greco romanas, aunque bien pudieran ser del siglo XV como todo el castillo. Encima de la puerta y a bastante altura hay una lápida de jaspe azul, que si ha tenido alguna inscripción no es ya legible, a su derecha aparece el hueco de una posible ventana destruida totalmente. La segunda torre o central de esta fachada es de planta rectangular de 8,60 metros por 11 metros, por la parte saliente de la muralla es de sección cuadrada, tiene una saetera en la parte inferior y ventana en la superior, y su altura es análoga a la primera, continúa un lienzo de muralla de 16 metros de longitud con dos huecos bajos y uno alto, de lo que en su día fueron ventanas, que enlaza con la torre  del extremo Oeste de sección cuadrada y análoga a la primera, con dos ventanas al Norte y una al Oeste.
La fachada Oeste que comienza en la tercera torre  y termina en la quinta, es análoga a la anterior pero sin puerta de acceso al interior de la fortaleza. De las torres quinta  a séptima corre la mura Sur, simétrica y de las mismas características que la Norte, pero con la particularidad de tener adicionado un palacio renacentista, que comenzando su fachada en la arista exterior de la sexta torre sigue paralela a los lienzos de muralla, durante veinte y cinco metros, tuerce en ángulo recto envolviendo en este ángulo a la séptima torre  para terminar veinte y tres metros más allá en la arista exterior de la octava torre.
El costado Este de la fortaleza se extiende desde la torre séptima a la primera, descollando en su centro la impresionante torre del Homenaje de planta cuadrada con diecisiete metros de lado y cuarenta y cinco de altura.



Planta del Castillo

Observando el castillo desde el exterior, parece en perfecto estado de conservación, pero visto por dentro, da pena considerar la gran ruina a que ha quedado reducido. No hay un entresuelo ni un techo en pie, solo quedan con cubiertas las últimas estancias de las torres y dos techos de la torre mayor, y esta destrucción de la fortaleza es igual a la del palacio que tiene adosado. Carece de almenas, pero está casi completo el matacán o balcón que coronaba torres y cortinas, sobre el cual se levantaban las airosas almenas que fueron desmontadas por los franceses en 1810.
Tal vez haya alguna entre los escombros, pero hasta encontrarlas no se puede asegurar, si semejaban flores de lis como hasta ahora se ha dicho.
En la segunda torre  estaban las cocinas, se han caido los entre suelos pero aun se ven las chimeneas y los hogares en las cuatro plantas, así están casi todos los otros torreones. En estas cocinas hay restos de decoración en estuco, con al parecer una leyenda árabe, que por su altura y débil traza es imposible copiarla fielmente.
La torre del Homenaje es cuadrada hasta dos tercios de su altura, y desde allí hasta la cima, de aristas redondeadas. Tal separación está hecha con una cenefa semejando una cadena, y en las esquinas unas medias pirámides de molduras paralelas, análogas a la que en Córdoba muestra la torre de San Nicolás de la Villa. Decoran el tercio superior, ocho garitas cilíndricas las cuatro a partir de las pirámides y las tres a partir de la cadena, pero todas sobre ménsulas estalactíticas muy largas y elegantes. Cada garita está ornamentada con un inmenso escudo de armas del apellido Sotomayor. En la octava garita que está en el frente que mira al patio, arranca su ménsula del centro de una ventana de arco trebolado, embellecida por dos conopios en los ángulos, y otro central cuyo tope es la ménsula citada. Tanto los topes de los conopios como los capiteles de los dos baquetones o nervios decorativos están adornados de bellas y bien talladas cardinas. Entre garita y garita hay elegantes ventanas, algunas de doble arco para dar luz a los salones del interior. Un balcón o matacán rodeaba la torre, formado de zapatas que dibujan entre cada dos, gracioso arquillo trebolado ojival, encima estaba el parapeto y las almenas, única destrucción que en esta torre se nota.
Los muros de esta torre tienen 4,40 metros de espesor, y la única puerta de acceso tenía el arco exterior semicircular y el interior adintelado, y en ambos gorrone ras para las hojas que se abrían hacia el interior. El número total de plantas de esta torre es el de seis, estando la primera al nivel del patio, faltan tres entresuelos que eran de madera y cuyas vigas estaban sostenidas por zapatas de piedra. Además para evitar la cimbra y para que la viguería descansara, tenía cada salón de un lado a otro dos arcos carpaneles muy grandes, con la particularidad de que estaban dirigidos en cada piso contra muros distintos, para que la resistencia de paredes sufriera el mismo esfuerzo. Algunos de estos arcos están intactos, y otros rotos que conservan los arranques. Las escaleras están en el espesor del muro, muy sanas y alternando su trazado en los distintos costados, pero no puede pasarse de la planta segunda, pues la falta de suelo imposibilita el cruce del salón para tomar el segundo tramo de escalera. El techo de la cuarta planta se conserva aun, es bóveda con clave, en que se ven las armas de los Sotomayores, está estucado y pintado imitando sillaretes, y con nervios que le dan forma de una estrella de ocho puntas. Las pechinas simulan conchas, y parecen el interior de las medias pirámides que se ven en los ángulos exteriores de la torre. La quinta planta está cubierta con bóveda, que ostenta en la clave central el escudo ajedrezado de los Sotomayores, de mayor tamaño que el anterior y en los cuatro nervios hay otros tantos escudos contrapuestos, dos de los Stúñigas y dos de los Córdobas. Sobre esta planta está la sexta y última a la altura de los matacanes con que actualmente está rematada la torre (3). Bajo la primera planta hay una mazmorra de once metros de profundidad y otros tantos de largo y ancho.

Planimetría del castillo de Alberto León Muñoz




La plaza de armas estaba rodeada por todos sus lados menos el oriental, por una galería sostenida de arcos al gusto gótico, y en el centro aflora la boca de un profundo algibe que ocupa gran parte de su extensión.

III. EL PALACIO

Aunque indudablemente todas las cámaras del interior de la torre Homenaje servían de dependencias palaciegas, más bien que de fortificaciones, en el siglo XVI se le adosó otra construcción, exclusivamente para alcázar y principal vivienda de los Condes de Belalcázar.
Dicen que en la fachada Sur que miraba al pueblo, había una puerta admirablemente decorada, hoy no existe y en su lugar queda un arco formado por el derribo, y que Don Manuel Gallego mandó macizar para que no se derrumbara la parte de arriba. Los huecos de ventanas de la planta baja de las dos fachadas están deformados, por haberle arrancado los vecinos las piedras talladas, para aplicarlas a sus casas, razón por la cual en el pueblo se ven puertas y ventanas ornamentadas, en construcciones modestas y modernas. El cuerpo de la segunda planta se halla mejor conservado, aunque también saqueado. Tiene un gran arco carpanel sobre columnas en el intrados, cuyos capiteles están decorados con las armas de Sotomayores y Zúñigas. A los lados otras dos ventanas más pequeñas con arcos, y una a la izquierda del espectador adintelada y con escaso adorno, sin correspondencia al otro lado.
En la fachada Este desde la torre del Homenaje a la esquina, hubo cinco ventanas en la planta segunda, pero quedan solamente tres. La que debía ser central, tiene en el coronamiento un medallón con el busto de una señora, que parece retrato. La segunda es de forma arqueada, flanqueada de columnas balaustradas, y la postrera es adintelada con escasa moldura. Todas tienen coronamientos platerescos algo toscos, si bien esto puede depender de la calidad de la piedra, pues en el granito no se labra con la finura que en las calizas. Por esto sin duda el tallista aprovechó el jaspe para el busto de la señora, indicación también de que se trata de un retrato, y se quería que las facciones saliesen fieles (3).



IV. ARTESONADOS

Los entresuelos y artesonados del palacio así como los de la torre del Homenaje se perdieron también, pero no del todo, pues buena parte fue trasladada, al final del pasado siglo a la vivienda de Don Manuel Gallego en la calle Larga o de Alfonso XIII número 21 (actual calle Blas Infante), donde residía como apoderado y administrador de la propietaria de la fortaleza Marquesa de Casariego. Se conservaban muy bien, pues se tuvo el cuidado de colocar cada pieza en su sitio y no ensuciarlos ni mancharlos. Todos son entresuelos, la viguería pintada a lo morisco, y la tablazón pintada y tallada.
Cada tabla tiene tres círculos tallados y dorados de labor mudéjar, de estrellas las mas y de ojivas las otras, y los espacios entre círculo pintados a la morisca también (3).
En estos últimos años han sido tapados por un cielo raso vulgar, aduciendo que la polilla producía serrín, y no están visibles.

 


ANTECEDENTES HISTORICOS

I.—CASTILLO DE GAFIQ

Romanos:
Lo población romana de Solia, según Angel Delgado Delgado, estaba en el actual castillo de Belalcázar, siendo las murallas exteriores del mismo las de la ciudad de Solia. 
Al Concilio de Elvira celebrado en Mayo del año 300, asistió el presbítero de Solia Eumancio. 
La calzada romana de Mérida a Zaragoza por la Beturia, cruza el valle de los Pedroches, siendo la primera Mansión Solia a 12 millas, la segunda Mirobriga (El Guijo) a 36 millas y la tercera Sisapo (Almadén) a 13 millas(9).

Árabes:
Los árabes al conquistar España, conservaron casi íntegra la organización administrativa del país, respetando la distribución territorial de las provincias-ducados y provincias-condados de los visigodos, dándoles el nombre de cora, en cuya delimitación territorial y capitalidad tuvo influencia la división eclesiástica en diócesis, conocida con el nombre de "reparto de Constantino". A su vez estas circunscripciones territoriales, estaban divididas en varios distritos, llamados iqlims (climas).
Entre las 21 coras en que estaba dividido el territorio de Al-Andalus figuraba la de Fahs al-ballut (Campo de las bellotas) con capitalidad en Gafiq, territorio al cual se le llama hoy Valle de los Pedroches. Esta denominación Gafiq, pudo obedecer a una interpretación fonética del topónimo visigodo con que fuese nombrada la población, enmascarado con el de la tribu árabe que primero se asentó en ella, pues Ibn Hazm en su Yamhara, al relacionar los linajes de los descendientes de Adnan, o adnanies, tribu que poblaba la Arabia norte, dice "Gafiq: descendientes de Gafiq b. al-Sahid b. Alqama b. Akk b. Adnan: su casa en al-Andalus, es conocida por el nombre de este linaje, en el yawf, al norte de Córdoba". Siendo uno de sus descendientes el emir de al-Andalus Abd al-Rahman al-Gafiqui, aunque de los adnanies gafiquies de que hay noticias se establecieron en otras comarcas españolas (4).
Según Idrisi, las montañas y llanuras de esta comarca, producen una especie de encina, que lleva un fruto que excede en calidad a todos los demás (5), y al-Himyari dice que la región de Fahs al-Ballut, está en al-Andalus a dos o tres etapas de Córdoba, y a ella pertenece el monte llamado Yabal-al-Baranis (Sierra de Almadén), en el cual hay un yacimiento de mercurio que se explota para la exportación, en este monte hay olivos cuyos frutos son de notable calidad, y en un lugar próximo a la explotación minera hay una altura llamada la Montaña de las Cabras, en cuya cima hay una piedra que llaman la Piedra del Devoto, en cuyo centro hay un orificio con agua, o sea una concavidad del tamaño de una escudilla, suficiente para que un hombre pueda introducir las dos manos juntas y sacar agua para beber. Cuando llegan vacas en gran número, encuentran bastante agua para abrevar y al acabar vuelve el líquido a su nivel normal, nunca se le ve bajar por sí mismo. Un hombre ha declarado que estuvo en este sitio con treinta compañeros y todos pudieron beber. El Fahs al-Ballut comprende aglomeraciones urbanas y mercados foráneos, en tiempos del Emir Muhamad el importe de la recaudación para el tesoro público de esta cora, era de dos mil dinares. Este territorio confina con el de Firris (Castillo del Hierro en Constantina), y sus pueblos respectivos forman una cadena contínua (6). Algunos geógrafos árabes asignan la capitalidad a Bitraw (Pedroche) y que Gafiq era la alcazaba del distrito de Usqufa (2).
En la época califal el camino de Córdoba a Toledo partía de la Bab Tulaytula, puerta oriental de la Almedina cordobesa, que después de la reconquista se llamó puerta de Hierro, y siguiendo la actual calle de San Pablo, continuaba por ruta en algunos tramos coincidente con la carretera de Madrid, para en Alcolea seguir por las vaguadas de la Sierra, superpuesta también en varios tramos, con la actual carretera al embalse del río Guadalmellato o Wadi  Armillat, subsistiendo aun tres puentes de aparejo califal. Próximamente en este embalse es donde estaba la primera mansión, final de la primera jornada en la ruta de Córdoba a Toledo, desde allí seguía por Puerto Fresnedoso a las proximidades del castillo de Almogávar y cruzando por su parte oriental el Fahs al-Ballut, atravesaba la Sierra Madrona por Puerto Mochuelo, para desembocar en el Fahs al-Kudia o Valle de la Alcudia, y por Abenojar y Puerto del Milagro dirigirse a Toledo.
Este camino fue abandonado después de la caída del Califato y en la primera mitad del siglo XII describe Idrisi un nuevo camino que partiendo de Córdoba por la Bab Luyun (Puerta del León), en el costado Norte de la Almedina, que también se llamó de Talavera, y es la Puerta de Osario demolida al principio del siglo actual, pasa por el puente romano de Pedroches y siguiendo la cañada de mesta, remonta la cuesta de Arlis, en la actual loma de los Escalones, sigue por Aqabat al-Bacar (cuesta de las vacas), junto a Dar al-Bacar (actual castillo del Vacar), para desde allí pasando por Belmez dirigirse a Bitraw. (Pedroche) y cruzando el Fahs al Ballut, buscar Gáfiq, y continuar por Yibal Afur (probablemen te Almadenejos), Dar al-Bacar (distinto del anterior, hoy dehesa de Villa-gutierre) a Calatrava, desde donde continuaba a Toledo (7).
Gafiq fue plaza de gran importancia estratégica desde la Edad Antigua, pues el camino anteriormente descrito enlazaba en esta población con el de Toledo a Sevilla, muy utilizado para el transporte del cinabrio y mercurio de Almadén al puerto sevillano, donde embarcaba para la exportación a los mercados mediterráneos. Así Ar-Razi al describir el Fahs Ballut dice: "En su término yaze el venero de que sacan el asogue et de allí lo llevan a todas las partes del mundo; non lo ha sinon alli; et sacan mucho bermellon et mui bueno, et non lo saben tan bueno sinon aquel que sacan de ultramar. Et lo demás de esta tierra no ha alli otros árboles sinon encinas, et por esso la llaman el llano de las vellotas, et son más dulces que quantas ha en Espanya" (8). A partir del siglo XVI estas exportaciones de mercurio se dirigían a América, para beneficiar por amalgamación el oro, que comenzó a explotarse en los aluviones y cuarzos auríferos.

 Diferentes caminos Córdoba-Toledo

En esta región durante el emirato y califato, no se han realizado hechos de armas, que merecieran ser citados por las Crónicas, pero en cambio de ella proceden personajes, que tuvieron gran resonancia histórica en la época omeya.
El 25 de Marzo del año 818 tuvo lugar en Córdoba la tan conocida sedición del Arrabal, hoy Campo de la Verdad, que fue sofocada por el Emir al-Hakam I con una feroz matanza, expulsando a los supervivientes de Córdoba, y ordenando que el Arrabal fuese arrasado y su solar roturado y sembrado. Un grupo de los exilados se dirigió a Marruecos, instalándose en el barrio que les asignaron de la recien fundada Fez, y a su vez repoblaron la aldea bereber colindante de Al-Aliya, que después fue conocida con el nombre de Ciudad de los Andaluces.
Otro grupo de rabadies o habitantes del Arrabal, se embarcaron en bajeles saliendo a corso por el Mediterráneo, anclando un buen día en Alejandría, y aprovechándose de los disturbios que había en Egipto, y las luchas de los gobernadores nombrados por los califas abbasies, constituyeron en provecho propio, apoyados por los árabes puritanos, una especie de pequeña república, de cuya población fueron dueños absolutos durante diez años, hasta que en el año 827 el gobernador abbasí de la cora vino a sitiarlos y al cabo de algunos días de asedio, capitularon los españoles, comprometiéndose a evacuar Alejandría. Expulsados así de Egipto, resolvieron hacer una correría por Creta, que pertenecía al imperio bizantino, y mandados por su jefe Abu Hafs Umar al-Balluti, un cordobés del Valle de los Pedroches (Fahs al-Ballut), desembarcaron en la isla y la ocuparon totalmente. Se organizan política y administrativamente bajo el reinado de Abu Hafs al-Balluti, que fundó una dinastía hereditaria, sosteniéndose sus descendientes en Creta hasta el año 961, que fue atacada y recuperada por los bizantinos. Durante ciento cincuenta años estos cordobeses, tuvieron en constante alarma el Mediterráneo oriental, con sus correrías por las islas del Egeo y las numerosas capturas de barcos mercantes (10).
Desde comienzos del Califato estaba instalada en el Fahs al-Ballut, una modesta familia procedente de una tribu bereber africana, a la que pertenecían los hermanos Mundhir ibn Said al-Balluti y Fadl Allah, ambos estudiaron en Córdoba y más tarde en Oriente, adquiriendo fama de juristas y teólogos. Fadl Allah fue nombrado cadí de Fahs al-Ballut el año 942, y murió cinco años después, sustituyéndole Ahmad, ambos tuvieron su residencia en Pedroche. Mundhir ibn Said fue cadí de las Marcas orientales e inspector de los agentes del fisco en esta región, teniendo a su vez la vigilancia de los viajeros procedentes de la Marca hispánica; y fue tan grande su reputación que Abd al-Rahman III lo designó cadí de Córdoba. Además de un consumado jurista y teólogo, se distinguió como literato, fue un censor implacable, teniendo siempre en los labios el opor tuno versículo del Corán como respuesta. Muchas veces enojaba al Califa con sus maneras bruscas y el desdén por la etiqueta de la Corte, pues Abd al-Rahman III estaba acostumbrado a la adulación de los cortesanos, y fervientes aprobaciones de cualquier cosa que hiciera, mientras que su cadí le reprendía a veces con dureza, lo que irritaba a al-Nasir y le amenazaba, pero terminaba por ceder.
El Califa tuvo el capricho de edificar en Madinat al-Zahra un pabellón techado con tejas recubiertas de oro y plata, dando una fiesta para su inauguración, cuando todos los cortesanos extasiados se deshacían en alabanzas, al-Nasir le preguntó a Mundhir, que estaba con el ceño fruncido, qué pensaba del pabellón, respondiéndole el cadí: "Jamás habría creído, que el demonio tuviera sobre tí tal ascendencia y pudiera rebajarte al nivel de los descreidos", esta cita alcoránica fue la precisá, y aunque no le gustó al Califa, cedió y mandó sustituir con tejas ordinarias, las que tan lujosamente remataban la cubierta del salón. Mundhir ibn Said murió el año 966 a los 82 de edad.
El año 979 un hijo del Cadí llamado Abd al-Malik ibn Mundhir, que era magistrado de Córdoba, formó parte de una conjuración para derribar al Califa Hischan II, y fue crucificado en la puerta de la Sudda por orden de Almanzor (11).
La caída del Califato, dió origen a la desmembración de la España musulmana, en un conjunto de minúsculos estados denominados reinos de taifas, levantados sobre la ruina y desolación creada por los turbulentos mercenarios africanos que trajeron al-Hakam II y Almanzor. Este fraccionamiento dio origen a luchas, envidias y revoluciones entre los musulmanes, siendo su inmediata consecuencia, una acentuada debilidad militar, que aprovechó Alfonso VI para hacer contínuas y profundas penetraciones en estos débiles reinos, y así el año 1069 combaten en pleno Valle de los Pedroches, según la escueta noticia que proporciona los Anales Toledanos: "Arrancada sobre los Christianos en Masatrigo. Era MCVII"(12). Entre Peñarroya y Fuente Ovejuna, en término municipal de ésta se encuentra el cerro de Masa Trigo, donde hay importantes ruinas de un poblado perteneciente a la Mellaria Romana (13).
En la mayoría de los encuentros triunfaban las armas cristianas, obligándose los reyes de taifas a concertar paces y alianzas con onerosas parias. Un enojoso incidente ocurrido en Sevilla, en que al-Mutamid ordenó ejecutar al judio ibn-Salib, que con un grupo de caudillos cristianos llegó a cobrar las consabidas parias, fue el origen de la ruptura de hostilidades entre el rey de Sevilla y Alfonso VI. El rey al-Mutamid asustado de su ligereza y previendo sus consecuencias, pidió socorro a Yusuf ibn Tasufin, animándole a emprender la guerra santa con sus almorávides, y lo mismo hicieron los sabios y gente notable de al-Andalus. Mientras tanto Alfonso invade los dominios del sevillano, pasándolo todo a sangre y fuego, y al llegar a Tarifa, metió su caballo en el mar y pronunció su famosa frase "Este es el límite de al-Andalus, yo lo he pasado".
Terminada la razzia, sigue estrechando el cerco de Toledo, cuyo rey Al-Qadir al no recibir ayuda rinde la plaza el 25 de Mayo del año 1085.
El río Tajo pasó a ser la nueva frontera. Los almorávides desembarcan trece meses después y el 23 de Octubre derrotan a Alfonso VI en Zalaca, destronan a los reyes de taifas, y se apoderan de toda la Andalucía musulmana.
Presionan sobre el rey cristiano que anciano y casi paralítico, resiste con una energía indomable, desde la línea de las fortalezas del Tajo, los constantes embates de la marea almorávide.
La victoria de Zalaca, apenas oscurecida por los efímeros triunfos del Cid, daba a los almorávides unas apariencias de seguridad y supervivencia política, que muy pronto se vieron fallidas. La dura fiereza, y el rigorismo religioso de los saharianos se estaban disolviendo rápidamente en la molicie de la civilización andaluza, y una nueva amenaza aparecía en el Magrib, con los hombres de las montañas del Anti-Atlas, los Almohades, exaltados e intolerantes y fieles seguidores del Mandi.
Este progresivo debilitamiento del poder almorávide, fue aprovechado por Alfonso VII el emperador para continuar sus razzias, y así en el año 1132 nuevamente se lucha en el valle de los Pedroches, y repiten los Anales: "Arrancada sobre los cristianos en Massatrigo en el mes de Julio. Era MCLXX" (14).
En al-Andalus vuelven a surgir nuevos reinos de taifas, que acaban con el poder almorávide, los almohades en el año 1145 desembarcan con escasas fuerzas y los someten a su obediencia, pero enseguida regresan a Marruecos para acabar con las últimas resistencias almorávides, y es proclamado califa almohade Abd al-Mumin, que se dedica en los diez primeros años de su reinado a reprimir rebeliones y pacificar el Magrib.
Los tres reinos cristianos que tenían fronteras comunes con los musulmanes, reanudan su ofensiva sobre los débiles reinos de taifas, que sometidos a la autoridad casi nominal de los almohades, no podían frenar el avance cristiano.
Desde Castilla Alfonso VII en 1144, realiza una incursión por tierras de Córdoba y Granada, entra en Córdoba en 1146 apoyando a su aliado Avengamia (Abu-l-Gamr b. Azzun señor de Ronda, y rendido a los almohades en 1145), que le traiciona y Córdoba se pierde, pero en cambio se apodera de Calatrava y Baeza, sitia y toma Almería en 1147. En el año 1155 acentúa su ofensiva y de simpres algaras pasa a sitiar y tomar Andújar, Pedroche y Santa Eufemia: " año-1155-, quo domnus imperator cepit Anduxarem, Pedroche et Sanctam Eufemiam" (15).
El califa: mohade Abd al-Mumin una vez acabada la pacificación del Magrib, y alarmado ante los progresos cristianos en al-Andalus, decide intervenir enviando refuerzos, destituye a los gobernadores de Sevilla y Córdoba, designando para esta última a Abu Zaid Abd al-Rahman ibn Igit, que en este mismo año de 1155 se posesionó del gobierno y según Ibn Idari "salió con los almohades hacia el castillo de Bitruy —Pedroche— y los castillos a él cercanos, en que estaban los cristianos, y Allah le hizo conquistarlo con derrotas diversas, y le acompañó la victoria a lo que quería e iba. Derrotó al Conde, señor de Pedroche, y luego se apoderó del dicho castillo después de esto; y en él cogió al citado Conde y lo envió a Marrakus" (16).
El ataque almohade se hizo irresistible, en 1157 reconquistan Almería, y Alfonso VII incapaz de contener la terrible ola africana, y sintiendo el peso de la responsabilidad en los últimos días de su vida, los cuales transcurren en Andalucía, fallecía al regresar de la campaña de Almería.
El Fahs al-Ballut que durante siglos disfrutó de tranquilidad y siempre fue leal a Córdoba, se convirtió en un sitio poco apetecible para residir y así el año 1184 llegó el califa Abu Yaqub a Sevilla, donde residía Abu Abd Allah ibn Wanudin, que no pudo salir a recibirle por encontrarse algo enfermo, dióse cuenta el Califa, y montando en cólera lo hizo detener, ordenando al segundo día que fuese a Gafiq, para vivir allí como desterrado (17).
Los tranquilos gafiquies se convirtieron en bravos guerreros, y dice al-Himyari: "Sus habitantes son valientes, enérgicos, tenaces y decididos.
Sucede frecuentemente que los cristianos hacen incursiones en la región vecina a este castillo, pero los habitantes de Gafiq recobran a la fuerza el botín que ellos obtienen y los expulsan de su territorio.
Los cristianos, como conocen su espíritu guerrero y su valor, evitan tropezarse con ellos" (18).
En este siglo XII destacan en el mundo de la Ciencia dos ilustres gafiquies, el oculista Muhammad al-Gafiqui autor de la "Guía Oculística" y su hijo Abu Chafar Ahmad ibn Muhammad al-Gafiqui, que fue el más ilustre farmacólogo de la España musulmana, y escribió entre otros, "El libro de los medicamentos simples".


En el año 1212 y dos años antes de su muerte, el rey de Castilla Alfonso VIII al frente de un ejército cristiano, vence en las Navas de Tolosa a un poderoso ejército musulmán mandado por el Califa Muhammad al-Nasir. Esta batalla inicia la rápida decadencia del imperio almohade, y fue aprovechada por el monarca castellano para consolidar la línea del Guadiana y establecer una peligrosa cabeza de puente en la parte oriental de Sierra Morena, que facilitará el paso de sus fuerzas al Valle del Guadalquivir, siguiendo la ruta del Puerto del Muradal, por considerarla más eficaz y segura que la del Valle de los Pedroches utilizada por Alfonso VII, confirmándose así la belicosidad de los gafiquies y fortaleza de su castillo.
Fernando III fiel continuador de la política de los Alfonsos castellanos, realiza la conquista de media Andalucía. Establece alianza con el rey de Córdoba Abd ibn Muhammad al-Bayasi (el Baezano), que era enemigo del califa almohade Al-Adil, y a cambio del apoyo militar para consolidar su trono, acuerda la entrega al rey castellano de las fortalezas que quisiera elegir en el reino de Córdoba. Entre las reclamadas por Fernando figuraba Capilla, que como -permanecía fiel a Al-Adil no quiso entregarse.
El 7 de Junio de 1226 comienza Fernando III el sitio de Capilla con gran aparato de almajeneques, el cerco fue largo y difícil, pues duró más de dos meses, durante los cuales el Baezano envió desde Córdoba a los sitiadores gran cantidad de víveres y aprestos. Los sitiados al verse perdidos, solicitaron, antes de rendirse, un plazo de ocho días para pedir socorro y al no recibirlo entregaron el castillo a Fernando III, que de acuerdo con el pacto de capitulación, les dejó salir libremente con sus mujeres, hijos y bienes, protegidos por una escolta castellana hasta el castillo de Gahet (19).
A su vez Alfonso IX de León, padre del rey castellano, hace incursiones el año 1230 por Extremadura, conquistando Badajoz y Mérida.
Muerto el rey leonés, hereda el reino Fernando III, quedando unidos en una sola corona los dos reinos cristianos más potentes de la Península, centralizándose en un solo mando el común esfuerzo de la conquista y consolidación, de los territorios musulmanes del Sur.
En 1234 las Ordenes Militares toman Medellín y en 1235 Magacela, fortalezas del antiguo reino de Badajoz, con lo que se consolida la línea del Guadiana, que facilitará la conquista de Córdoba y ocupación del Valle del Guadalquivir. En los últimos días de este año, una partida de almogávares asalta por sorpresa el arrabal de la Ajerquia cordobesa, y avisado Fernando III, que se encontraba en Benavente, emprende su marcha a Córdoba acompañado de algo más de un centenar de caballeros, y siguiendo el camino más recto, pasa por Ciudad Rodrigo y Alcántara, cruza el Guadiana por Medellín, sigue a Magacela y adentrándose en territorio musulmán acampa en las proximidades de Benquerencia, siendo agasajado por el alcaide moro del castillo, a quien don Fernando le pidió se lo entregara, y este le contestó "tu vas agora a Córdova; et fasta que tu ayas acabado aquello, non te cumple este castiello; más desde que lo acabares, yo te daré el castiello et te serviré con quanto he". El rey castellano continuó viaje y dejando Gafiq a su izquierda, tomó el camino de Toledo a Córdoba descrito por Idrisi, y se puso sobre la Ciudad con gran contento de las fuerzas cristianas, que ya se habían apoderado totalmente de la Ajerquia. Tras seis meses de asedio, Córdoba se rinde, y Fernando III entra triunfalmente el día de San Pedro, 29 de Junio de 1236 (20).



II—CASTILLO DE GAHET

Hasta ahora se carecen de datos fehacientes para fijar la fecha exacta de la conquista de Gafiq, pero puede suponerse con bastante verosimilitud, que seguiría el ejemplo de Benquerencia, y una vez ocupada Córdoba por el rey castellano, toda la cora de Fahs al-Ballut pactaría con Fernando III la sumisión y entrega de la totalidad del territorio, y considerando que Gafiq era el punto fuerte en la defensa del Valle de los Pedroches y sobre todo el nudo de comunicaciones de Toledo a Sevilla y Córdoba, le dedicó una atención preferente asignándole un amplio término al efectuar las donaciones de las poblaciones limítrofes.
Así, el 9 de Septiembre de 1236 desde Toledo hace donación a la Orden del Temple del castillo de Capilla, con la siguiente delimitación de término: "Hacia la parte del Guadiana sea el término de Capilla hasta los mojones del término de Muro, que es nombrado en el privilegio con sello de plomo que yo di al Arzobispo Toledano. Después divida el término de Capilla por la mitad con las Navas que son llamadas vulgarmente Navas del Cuerpo. Con Chillón divida por la mitad hasta la coronación de la sierra. Con Santa Eufemia divida por la mitad de tal modo que vengan por el mojón derechamente hasta el término de Gahet. Con Gahet divida el término de este modo: que Gahet tenga dos partes del término y permanezca la tercera parte para Capilla y los mojones estén derechamente por el alcor de la sierra que es llamada Dos Hermanas y desde esta sierra que es llamada Dos Hermanas estén los mojones hasta la mitad del camino que hay entre Capilla y Almorchón. Y Capilla y Almorchón dividan el término por medio y desde este mojón siga hasta la mitad de Capilla y Amasatrigo. Y Capilla y Amasatrigo dividan el término por medio y desde este mojón venga derechamente hasta el alcor de la sierra y por el alcor de la misma sierra siga hasta el término de Muro desde donde comienzan a estar limitados los términos" (21).
Este documento de gran interés confirma que en Septiembre de 1236 Gafiq es propiedad del rey castellano, que le asigna el nombre de Gahet que Masa Trigo, escenario de luchas entre musulmanes y cristianos en el siglo anterior, todavía era lugar con término propio, y que la sierra de Dos Hermanas ha de tenerse en cuenta al hacer el análisis del itinerario de Fernando III, cuando se trasladó de Benavente a Córdoba.
El 3 de Marzo de 1241, estando el rey en Córdoba, le otorga la Carta de Fuero, promulgada no en latín sino en vulgare idiomate y treinta y seis días después estando en Toledo otorga nueva Carta en latín, y algo más amplia, pues en la segunda dice, una vez traducida al castellano:
"Así también, si los que residen de puertos allende tuviesen litigio con algún cordobés, vengan, promediando, a Ferrat los de Toledo para arriba, y a Gafet los de Toledo para abajo, y allí litiguen con él" (22).
A los más alejados les asigna el castillo de Ferral, defensor del camino del puerto del Muradal y a los más próximos, la villa de Gahet nudo de comunicaciones en el camino de Idrisi.
El 25 de Abril de este año hace donación de Benquerencia a la Orden de Alcántara, y al delimitar su término dice "que de cuanto se contiene desde Benquerencia hasta Gahet, en línea recta, que Gahet tenga dos partes y Benquerencia la tercera parte porque ciertamente está así dividido" (23). Estos documentos demuestran el interés de Fernando III por los pobladores de Gahet, defensores del peligroso flanco sevillano.
Estando el rey en Toledo el 24 de Junio de 1243 suscribe Carta, donando al Concejo de Córdoba para que poseyera como término, los castillos de Almodovar, Ovejo, Chillón, Santa Eufemia, y los castillos y villas de Gahet y Pedroche, que les prometió en Córdoba, en la iglesia Catedral de Santa María, "cuando os di el fuero" (3 de Marzo de 1241).
"Excluyo sin embargo, de esta donación la mina de Chillón, de argento y todos los filones que se puedan encontrar dentro de estos términos que pudieran explotarse, a no ser que sean de hierro, y retengo aquellos para mi porque las minas pertenecen al Rey, y nadie las puede tener propias a no ser el Rey" (25). Carta de Fernando III por la que dona a Córdoba la villa y castillo de Gahet (24).
Una vez organizada la iglesia Catedral de Córdoba, siente el Cabildo la preocupación de dotar a sus componentes, de rentas para el desempeño eficaz de su cometido, sin tener preocupaciones económicas que les distraiga de su misión, y de acuerdo con el Obispo don Fernando de Mesa, designan una comisión de tres capitulares, para que valoren y distribuyan los préstamos del obispado, acordando por carta de 12 de Marzo de 1264, asignar al maestrescuela "La ra0on prestamera de castro las vinnas de lucena el medio término de Gahet", que lo estiman en cincuenta maravedis, y a don Pelegrín "Pradana, et moratiella finoiosa. teba" que estiman en veinte y cinco maravedis (26). Este documento es interesante, pues considera que el término completo de Gahet es excesivo para asignarlo a una sola persona.
En el año 1260 debieron surgir enojosos litigios y reclamaciones sobre competencia en la administración de sacramentos a la dispersa población rural del territorio del Obispado de Córdoba, así como para el percibo de los estipendios de misas, entierros y aniversarios, y sobre todo los obligatorios diezmos y primicias. El obispo don Fernando decide desplazarse a los distintos lugares de la diócesis, y personalmente asignar los límites del territorio de la feligresía de cada una de las iglesias ya creadas, y a las que pensaba crear. Este fue un trabajo largo y minucioso que duró muchos años. Hacia la primavera del año 1272 le asigna término a la iglesia de Gahet, añadiéndole a su limitación la de Alcantarillas y Arenas (27). Por cierto que a uno de los puntos que limitan el término se le denomina Piedra Santa, que bien pudiera ser la Piedra del Devoto a que se refiere al-Himyari.
Los clérigos de Gahet, Juan Domínguez y Fernando Ibáñez, agradecidos por el amplio territorio que se le asigna a su feligresía, y por carta de Julio de este mismo ario dicen "otorgamos et conoscemos que por mucho bien et mucha merced que nos fiziestes vos nuestro señor don ferrando obispo de Cordova. et vuestro Cabildo porque nos diestes bona limitaQion por nuestra eglesia dont vos pudierades mucho retener pa vos. Nos vos dexamos et nos desamparamos a vos et a vuestro Cabildo por sienpre. todo el derecho que nos et nuestra eglesia avemos o devemos aver. en el diezmo del ganado estremenno que pariere o criase en la limitnion de nuestra eglesia la sobredicha" (28).
En los primeros años del siglo XV, fallece el rey don Enrique III el Doliente, sucediéndole en la corona su hijo Juan II, que era un niño todavía lactante, por lo que las Cortes designaron tutores a su madre la reina doña Catalina y al tío paterno el infante don Fernando de Antequera, que después fue rey de Aragón.


Don Gutierrez
En el año 1400 nació en el lugar de Raudona don Gutierre de Sotomayor, hijo primogénito de Gil García y de doña Catalina de Sotomayor, hermana del que después sería Maestre de la Orden de Caballería de Alcántara don Juan de Sotomayor. Al quedar viudo Juan García se traslada a Extremadura con todos sus hijos, buscando la protección y amparo de su cuñado, y solicita ingresar de fraile en la Orden, haciendo el correspondiente voto de castidad.
Elevado don Juan de Sotomayor en 1416, a la dignidad de Maestre repartió espléndidas encomiendas a la familia, asignando la de Piedrabuena a su cuñado Juan, y al sobrino predilecto don Gutierre lo hace Clavero y posteriormente Comendador (29).
En el año 1411, fue elegido rey de Aragón al infante don Fernando de Antequera y tuvo que abandonar la tutoría de su sobrino Juan II, Comenzando en Castilla un período de caos, anarquía y desasosiego, que duró hasta la elevación al trono de los Reyes Católicos.
Juan II hombre débil y sin voluntad, tuvo en esta segunda parte de su reinado que estar sometido a la presión y capricho de los dos grupos que alternaron en el gobierno y dirección política del reino, el primero formado por los infantes sus primos hijos del rey de Aragón: Don Alfonso, que después fue Alfonso V de Aragón, don Juan rey consorte de Navarra y después de Aragón a la muerte de su hermano Alfonso V; doña María, primera esposa de Juan II y madre del príncipe de Castilla don Enrique el futuro Enrique IV; don Enrique, Maestre de Santiago, que casó con su prima doña Catalina, hermana del rey castellano; doña Leonor, reina consorte de Portugal; don Sancho, Maestre de Alcántara a quien sucedió don Juan de Sotomayor, y don Pedro.
Este clan familiar que no deseaba otra cosa sino poder y riquezas, cometió toda clase de tropelías y desmanes para conseguirlo. El príncipe, futuro Enrique IV, tan falto de voluntad como su padre, se inclinaba a uno y otro bando, ganado por la simpatía o por las ventajosas ofertas que más le entusiasmaban.
El grupo opuesto lo formaban numerosos nobles, freires, clero y obispos, todos ellos defensores del orden y robustecimiento de la autoridad real, que eran acaudillados por el Condestable de Castilla y favorito del Rey don Alvaro de Luna, al que sirvió con lealtad hasta su muerte, don Gutierre de Sotomayor.
El año 1429 los reyes de Aragón y Navarra, invadieron Castilla, y sus hermanos los infantes don Enrique y don Pedro desde Alburquerque atacaron Extremadura aprovechando la tolerancia del Maestre de Alcántara don Juan de Sotomayor, incondicional de los infantes al deberle el cargo al padre don Fernando de Antequera. Contenido el ataque, tanto en Castilla como en Extremadura, se ajustaron treguas por cinco años, dejando la vigilancia de la línea de fortalezas de los infantes a don Juan de Sotomayor.
En 1431 y ante la dudosa actitud del Maestre, envió el Rey emisarios a Alcántara, consiguiendo su promesa de lealtad, y en garantía de su cumplimiento, entregó como rehenes a tres de sus sobrinos entre ellos el Comendador don Gutierre de Sotomayor, que por este motivo tuvo ocasión de tratar en la Corte al rey y a don Alvaro de Luna, a los que profesó cariño y estimación, con un indudable deseo de lealtad y servicio.
Regresado don Gutierre a tierras de la Orden, nuevamente los infantes atacaron Extremadura apoyados en la pasividad del Maestre, que le entregó la fortaleza de Alcántara al infante don Pedro. Don Gutierre, leal a su rey, se apodera de la fortaleza y hace prisionero al infante. Tras una laboriosa negociación con los realistas, consigue la destitución de su tío, y que el rey le proponga al Papa para el Maestrazgo de la Orden, y a cambio entrega al prisionero, que negociado con el infante don Enrique, devuelve éste como rescate, todas las fortalezas que había ocupado.
El nuevo Maestre, se consagró seguidamente a organizar la Orden, haciendo planes de gobierno, sustitución de algún mando poco leal y confirmando privilegios.
En los últimos meses de 1434 decide el rey hacer la guerra a Granada, y don Gutierre acompañado por numerosos caballeros de la Orden toma el mando de las fuerzas que partirían de Ecija, adentrándose en territorio enemigo, con objeto de atacar y adueñarse por sorpresa de unos pueblos de la comarca de Archidona, fiándose de la información de unos falsos espías, que le dijeron estaban desguarnecidos, a pesar del consejo del alcaide de Olvera, que le advirtió de la existencia de una concentración de numerosas fuerzas enemigas por aquella zona, continuó su marcha, y adentrándose en un desfiladero sin la debida protección y vigilancia de los flancos, fue atacado por quinientos ballesteros desplegados en las alturas, que diezmaron las fuerzas cristianas infligiéndoles una gran derrota, salvando don Gutierre la vida gracias a la fuga, pero en el campo quedaron tendidos la flor y nata de los caballeros de Alcántara.
El 9 de Julio de 1443, fue el golpe de Estado de Rámaga, en que entronizada la Liga, expulsan del Consejo Real a los partidarios de don Alvaro, y publican una ordenanza prohibiendo al rey conceder mercedes sin acuerdo del Consejo, al que asistirían los infantes don Juan y don Enrique. Se conciertan bodas con damas de la nobleza a cambio de incondicionales alianzas, y consiguen bula del Pontífice designando al hijo del rey de Navarra, Maestre de Calatrava contra la voluntad de los Comendadores.
Estos acuerdos producen gran descontento en el país, y sobre todo en Andalucía, donde don Alvaro de Luna tenía muchos partidarios.
Consecuente con esta actitud de rebeldía, decide el infante don Enrique dirigirse al Campo de Calatrava y Andalucía, para pacificar villas y ciudades (30). La nobleza cordobesa, estaba escindida en dos grupos rivales, el que apoyaba al condestable, lo integraban: El mariscal Diego Fernández de Córdoba, señor de las villas de Baena y Cabra; los hermanos don Alfonso y don Pedro de Aguilar, señores de la villa de Aguilar; don Alonso Fernández, señor de Montemayor y Alcaudete, y su hijo Alonso de Montemayor; Diego Fernández, alcaide de los Donceles y su hijo Martín Fernández de Córdoba; Pedro de Montemayor, alcalde mayor de Córdoba; Fernando de Narváez, alcaide de Antequera y alcalde mayor de Córdoba, que se crió en la casa del Condestable y le dio estos cargos; Garci Méndez de Sotomayor, señor del Carpio; Pedro de Córdoba y Solier, arcediano de Castro; y Fernando Ruiz de Aguayo, chantre. El bando opuesto, partidario de los infantes, lo acaudillaba el Obispo den Sancho de Rojas, y después su hermano el Mariscal Diego Fernández, cuando dejó de servir al Condestable (31).
El obispo don Sancho acompañó al infante don Enrique a Calatrava y con él vino a Córdoba, que debió tomar a la fuerza en los primeros meses de 1444, pues destituyó al alcalde mayor, designando en su lugar a don Alfonso de Estúñiga, enemigo de don Alvaro de Luna, y continuó su expedición para ocupar Sevilla.
En socorro de los partidarios del Condestable, acudió con sus freires don Gutierre de Sotomayor, levanta el cerco de Sevilla y reconquista Córdoba, según nos dice un documento real: "e asi mesmo fuiste con vuestras gentes de armas a la dicha cibdat de Cordova vos y otros mis vasallos e subditos naturales, la cual avia ocupado el dicho Infante e se avia apoderado della que estaba al9ada e rrebelada contra mi, e la tomastes para mi e la rredugistes e tornastes a mi obediencia e servicio por manera que el dicho Infante se fue e partyo della e la dexo e desocupo e ella quedo en su libertad y a mi servicio y mandamiento segun que estaba antes quel dicho Infante della se apoderase en lo qual todo figistes grandes gastos e despensas de vuestra fa0enda e me serviste en ello muy bien e altamente" (32).
El Condestable don Alvaro de Luna al frente de sus fuerzas, persiguió al infante don Enrique, tomando muchas villas de su Maestrazgo de Santiago, y éste se refugió en Aragón (33). Juan II hizo suspender la Ordenanza que le prohibía conceder mercedes sin acuerdo del Consejo, para así poder recompensar ampliamente a los caballeros que le libraron de la conspiración de la Liga.
Por albalá de 6 de Noviembre de 1444, y en consideración de "los buenos et leales et sennalados servicios que los de vuestro linage finieron a los Reyes de gloriosa memoria mis progenitores E otrosi vos me avedes fecho et fazedes de cada dia a los afanes et trabajos que por mi servicio avedes pasado et pasades Et en alguna emienda et Remuneracion dellos et por que tengades con que sostener vuestro estado et me podades mejor servir et la casa de vos el dicho mi buen amado et leal cavallero don gutierre de Sotomayor sea mas honrrada et ensalcada et a los que de vos descendieren venga en memoria fago vos merced de la villa de guayete...
Et la yo fago villa por sy et la eximo aparto et quito del sennorio et juridicion mero et mixto inperio de la Cibdat de Cordova" (34).
En el mes de abril de 1445 don Gutierre de Sotomayor se entrevista con el rey en Guadalupe, quien personalmente le agradece los servicios prestados al reino y con fecha 7 le hace donación del Señorío de la Puebla de Alcocer, facultándole para hacer mayorazgo de esta villa y de las de Hinojosa y Gahete, a favor de su hijo primogénito don Alonso de Sotomayor (32).
El infante don Enrique y el rey de Navarra, entran en Castilla al frente de un poderoso ejército ocupando la villa de Olmedo. El ejército real marchó al encuentro del enemigo, librándose la batalla al atardecer del 19 de Mayo de 1445; a don Gutierre de Sotomayor, se le asigna la misión de proteger el ala izquierda, y al frente de sus seiscientos hombres de a caballo, con heroísmo y gran habilidad táctica maniobra sus efectivos, lográndose gracias a él la victoria.
El rey Juan II dirigiéndose al Maestre de Alcántara le dijo: "Si non fuera por vos, maestre don Gutierre, non fuéramos nos Rey de Castilla y Leon". Estas memorables palabras, ya bastante borrosas en el siglo XVIII, se podían leer en un fresco, que existía en la ermita de Nuestra Señora de Gracia de la Alcantarilla del término de Belalcázar, y representaba al rey con sombrero de pluma en la mano y a don Gutierre de rodillas recibiendo unas llaves (35).
La batalla de Olmedo, acabó con las luchas e intrigas de los infantes, a consecuencia de una herida muere el infante don Enrique, y poco antes fallecieron sus hermanas las reinas de Portugal y Castilla.
Pacificado el reino, comenzó Juan II la distribución de mercedes y recompensas, aumentando el ya rico patrimonio de don Gutierre conla donación de las villas de Alconchel, Zahinos, Herrera, Fuenlabrada de los Montes, Villaharta y Helechosa, completado más tarde con los pueblos de Cheles, Alia, Castilblanco, Belmez, Fuenteovejuna, Sevilleja, Espiel, Valdecaballeros, aldea de Casas de Don Pedro y el lugar de Milagros.
El 30 de Agosto de 1445 a petición de don Gutierre, confirma el rey el albalá de donación de Gahete con el correspondiente privilegio rodado.







Reservándose el soberano las alcabalas, tercias y pedido de moneda (34).
El maestre de Alcántara rico y poderoso, se retiró a sus estados, consagrando los años que le quedaron de vida a la buena gobernación de la Orden, y la organización de su fabuloso patrimonio.
La ciudad de Córdoba siempre se resistió a la pérdida de la rica comarca de Gahete, y en el año 1446, encarceló al bachiller Piedrahita, que por orden real debía amojonar el término de la villa, teniendo Juan II que expedir nueva carta el 6 de Marzo de 1447 para que cumpla lo ordenado (36).
Aunque don Gutierre de Sotomayor cuando ingresó en la orden de Alcántara, de acuerdo con sus reglas, hizo voto de castidad y pobreza, no lo cumplió con la rigurosidad prometida, pues además de las grandes riquezas acumuladas, tuvo infinidad de aventuras amorosas, que dejaron como secuela numerosa prole.
En los últimos meses de 1446, visitó Cáceres, y aficionado a los galanteos, se dedicó a cortejar a la esposa de Juan Alfonso de Migolla.
Enterado el marido, decide tomar venganza del ultraje, y confabulado con otros dos caballeros cacerefios, acompañaron al Maestre a una cacería por los encinares de Araya, y en un descuido de don Gutierre que vestía "una ropa de pellejo cerrada", le acometió Migolla y de una lanzada lo hizo rodar del caballo. Creyéndole muerto, huyeron los comprometidos, refugiándose Migolla en Sevilla.
El Maestre solamente estaba conmocionado, pues la lanza no pasó mas allá del pellejo, e indignado por el intento de asesinato, hizo perseguir a los agresores y apresaron a Migolla en Sevilla. Trasládado a Alcántara fue ejecutado.
Aunque Juan II le había autorizado a disponer libremente de sus riquezas y fundar mayorazgo en cabeza de sus hijos, quiso legalizar su situación, recurriendo al Papa Nicolás V, que por amplia bula dada en Roma el 1.° de Octubre de 1451, desliga toda su fortuna de la dependencia que le obligaba a la Orden, imponiendo pena de excomunión a quien fuese en contra, y como si no hubiera profesado le da calidad de caballero seglar.
Hombre rico y de buen gusto, realizó suntuosas obras en fortalezas y conventos de la Orden así como en sus propias villas, dando comienzo en estos últimos años de su vida a la construcción de la expléndida torre del castillo de Gahete. El 12 de Octubre de 1453, encontrándose enfermo en Zalamea, otorga testamento, falleciendo poco después.
Don Gutierre ordena ser enterrado en la iglesia de Santiago de la Puebla de Alcocer, legando a su hijo mayor don Alonso de Sotomayor, la parte más importante de la fortuna, consistente en el mayorazgo de Gahete, Puebla de Alcocer, Casas de Don Pedro, Herrera, Fuenlabrada, Heleohosa, Bodonal, Alia, Valdedaballeros, Castilblanco, Sevilleja, Hinojosa, Belmez, Fuenteovejuna, Espiel y Milagro, además del remanente metálico de tres mil doblas castellanas. Al hijo segundogénito don Juan de Sotomayor, le lega por vía de mayorazgo la villa de Alconchel con otros bienes.
Además de la multitud de villas, lugares, molinos y fincas, reseñados en el testamento que en total suponen medio millón de hectáreas, se mencionan ocho mil ochocientas cincuenta doblas, doscientos veinte y un mil maravedís, diecinueve mil quinientas ovejas, dos mil vacas y trescientos cincuenta cerdos. El número total de amantes que nombra se eleva a cuarenta, y el de hijos a quince, seis varones y nueve hembras, distribuyendo a cada uno importantes legados.
Fue don Gutierre un caballero con los vicios y virtudes de la época pues si bien no cumplió los votos que hiciera, el Pontífice legalizó su situación, dejando fundaciones y mandas pías por su alma y la de sus padres. Fue el último señor feudal de Alcántara, elevando al máximo el prestigio y la grandeza militar de la Orden, siendo leal hasta la muerte en sus glorias y desgracias, a su protector y amigo el Condestable de Castilla don Alvaro de Luna.
El primogénito de don Gutierre y segundo señor de Gahete don Alonso de Sotomayor, había casado en vida de su padre, con doña Elvira de Zúñiga nieta del conde de Ledesma, uno de los mayores enemigos que tuvo el Maestre, por ser partidario incondicional del infante don Enrique.


El concejo de la ciudad de Córdoba, que durante el siglo XIII recibió constantes muestras de gratitud de sus reyes y señores naturales, dotándole de un rico y numeroso patrimonio de villas y lugares, notaba una constante disminución de esta riqueza y poderío, por lo que en el año 1465 envió procuradores al rey Enrique IV, que solicitaron les fueran devueltos los lugares de Gahete e Hinojosa, que Juan II había donado a don Gutierre el Maestre de Alcántara, así como Fuenteovejuna y Belmez que él mismo había dado a don Pedro Girón, Maestre de Calatrava, apoyando su petición en que estas mercedes, se oponían a la Ley que a petición de los procuradores en las Cortes de Valladolid de 1442, ordenó Juan II con fecha 5 de Mayo de dicho año, y que entre otras cosas, después de reconocer que había hecho mercedes y donaciones "por esta mi lei e paccion no es mi merced e boluntad derogar ni rebocar quales quier prebilegios e mercedes que las dichas mis Ciudades e Villas e Logares e algunos de ellos tengan de mi o de los Reies donde io bengo antes quiero que esten en su virtud e balor porque vos mando a todos e a cada uno de vos que los guardedes cumplades e fagades guardar e complir todo e por todo segud que en esta mi Carta contiene e que no pasades ni pasedes ni consintades ir ni pasar contra ello ni contra cosa alguna ni parte de ello agora ni en algun tiempo ni por alguna manera".
Enrique IV, en una larga Carta fechada en Salamanca a 11 de Junio de 1465, en que recoge la petición de los procuradores de Córdoba y la anterior Ley otorgada por su padre, dice: "Por ende io entiendo que cumple a mi servicio e a bien e procomun de la dicha Ciudad e otro si por que a la sazón que el dicho Señor Rey mi Padre e io fecimos las dichas mercedes de los dichos logares a los dichos Maestres de Alcántara e Calatraba como suso es dicho no se guardo en ello la forma de que se debia guardar en las semejantes mercedes segud el tenor e forma de la dicha Ley por suso encorporada tobelo por bien e quiero e es mi merced e voluntad que sean tornados e restituidos los dichos logares de Gahete e la Hinojosa e Fuente obejuna e Belmez e sus tierras e terminos e todo lo que les pertenece o pertenecer debe en qualquier manera a la dicha Ciudad porque vos mando a todos e a cada uno de vos que vos juntedes e baiades a los dichos logares a e sus terminos e dehesas e terminos e vos apoderedes de ellos e de la posesion de ellos e de la jurisdiccion civil e criminal alta e baxa e mero mixto imperio de ellos para mi e para mi Corona real de mis Reinos e para esa dicha Ciudad de Cordova" (37).
Igual reclamación debió hacer Toledo, pues Enrique IV da licencia y manda a dicha Ciudad para que, "con mano armada, cobre las villas de Alcocer y Herrera, que las tenía entradas y ocupadas don Alonso de Sotomayor y sus hermanos, y revoca cualquier merced que el Rey don Juan, su padre, o su Alteza hubiesen hecho a los susodichos de las dichas villas, y le hace de nuevo de ellas a la dicha Ciudad" (38).
Gahete continuó en poder de los Sotomayores, y no hay noticias que la Ciudad de Córdoba emplease la fuerza para recuperar la villa como ocurrió en Fuenteovejuna.
Don Alonso continuó las obras del castillo, que iniciara su padre, y manda colocar en la última bóveda de la torre del homenaje el escudo ajedrezado de los Sotomayores, y en los espinazos el de los Córdobas, como recuerdo del supuesto linaje de la madre, alternando con el de los Stúñigas linaje de la esposa. Esta hermosa torre de indudable belleza y monumentalidad, es la que dió origen a que se llamase a la fortaleza bello alcázar, y el voluble Enrique IV inclinado otra vez a los Sotomayores, hace en 1466 Conde de Belalcázar a don Alonso (39) y desde entonces tanto el castillo como la villa se designan con el apelativo del condado, y solamente la ciudad de Córdoba, sigue empleando el nombre de Gahete cada vez que reclama este lugar, en el largísimo pleito que aun continuaba el año 1836, y del que se conserva abundante documentación en su Archivo.
Don Alonso poco pudo disfrutar de su flamante título, pues murió a manos de un rencoroso escudero llamado Paniagua, al cual había castigado a públicos azotes en Belalcázar por haber extraviado un halcón en una cacería, y poco tiempo después pasó a prestar servicios con un primo del Conde, Hernando de Monroy, señor de Belvis. Estando don Alonso de visita en Deleitosa, villa de su primo, fue muy agasajado, y después de la comida quisieron luchar los dos, siendo vencido varias veces don Alonso, que acomplejado por la fuerza del de Belvis, profirió frases injuriosas, que oídas por Paniagua, reactivaron sus rencores y atravesó con su espada al Conde de Belalcázar.
El hijo primogénito de don Alonso fue don Juan de Sotomayor, que nació en Puebla de Alcocer el 28 de Mayo de 1453, pocos meses antes de la muerte del abuelo, y renunció a riquezas y poderío en favor de su hermano para acogerse a la vida religiosa con el nombre de Fray Juan de la Puebla.
El tercer conde de Belalcázar se llamó don Gutierre de Sotomayor, fue leal servidor de los Reyes Católicos, a quienes acompañó con sus mesnadas en las campañas contra los granadinos, recibiendo un saetazo en el sitio de Casarabonela que le produjo la muerte a los 24 años de edad, y fue tan sentida en el ejército cristiano, que el rey Fernando mandó suspender la campaña y regresar a Córdoba. Por su gallardía y juventud se le llamaba en la corte el conde Lozano (40).
En el convento de religiosas de Santa Clara de la Columna, fundado por la primera condesa de Belalcázar, fueron enterrados numerosos miembros de la familia Sotomayor, y entre ellos los tres primeros condes de Belalcázar, conservándose sus restos en ocho talegos de seda con rótulos en pergamino que les pusieron en el año 1698 (41).
Al VIII conde de Belalcázar y VII duque de Béjar, dedica Cervantes el Quijote, denominándole conde de Benalcázar, como en muchos documentos de la época se le llamaba, cambiando el prefijo bel por el erróneo ben.
Acabada la reconquista y, las apetencias y luchas de la nobleza, los castillos fueron convirtiéndose en cómodas residencias señoriales, y al castillo de Gahete en 1546, le adosó el sexto conde don Francisco de Zúñiga, un bello palacio renacentista (42).

Los franceses:
El 1 de Junio de 1810 el gobernador general de la provincia, ordenó se habilitase el castillo de Belalcázar para alojamiento de tropas francesas, las cuales lo ocuparon a últimos de este mes, dejando una guarnición con fuerzas de infantería y caballería, que totalizaba unos doscientos hombres. Los franceses realizaron obras casi todas de demolición para organizar mejor la defensa, y entre ellas desmontaron las almenas que coronaban la fortaleza, que al parecer estaban labradas en forma de flor de lis.



El 6 de Mayo de 1811 una división inglesa de cinco mil hombres puso sitio al castillo, que estaba dedicado a almacén de Intendencia francesa, y guarnecido por cuarenta hombres del 51 Regimiento de línea al mando del teniente Charpentier. El asentamiento de la artillería inglesa (dos cañones de a cuatro), estaba en las proximidades de la fuente de Ulloa, y batieron la fortaleza con doscientos disparos, con lo que solo consiguieron desconchar levemente la muralla oriental. Al mismo tiempo se realizaba un nutrido fuego de fusilería, con el resultado de dos ingleses muertos y varios heridos, por lo que desesperados de tomar la fortaleza, al siguiente día levantaron el sitio. Los franceses abandonaron definitivamente el castillo el 28 de Agosto de 1812.

Los vecinos de Belalcázar temiendo una nueva invasión de los franceses, solicitaron de la condesa de Belalcázar, que fuesen desmanteladas las torres de la fortaleza, a lo que accedió la señora, y abusando de este permiso, comenzaron a demoler inconsideradamente, primero el palacio y después el castillo, aprovechando los materiales en la construcción y adorno de algunas casas de la villa (43).

RESTAURACIONES


En el archivo municipal existe un documento fechado el 19 de Febrero de 1664, donde se detallan las obras que se iban a  realizar en ese año en el castillo y que consistieron en la reparación de forjados “doblados”, (entresuelos de maderas) y arreglos de poca importancia.
El total de las obras ascendió a  140.020 reales.


La segunda restauración la conocemos gracias a Casas Deza que nos dice:



La Comisión Provincial de Monumentos de Córdoba, interesó de la Diputación Provincial la restauración de este castillo importando la restauración de los elementos más importantes 1.500.000 pesetas. Cantidad cuya cuantía, no es tan elevada, que haga prohibitiva esta obra, que además de conservar el monumento, lo hace agradable y accesible al visitante, a la vez que serviría de estímulo para que el resto de las fortalezas que andan dispersas por la provincia, sean salvadas de la ruina y posterior demolición.

El 14 de enero de 2.008 la Junta de Andalucía y la familia Delgado,  firmaron la escritura de compraventa por 1.894.000 euros, que fueron abonados en efectivo y sin plazos.
La Administración autonómica tiene previsto acometer la restauración de la fortaleza --de arquitectura gótico-militar, construida en el siglo XV sobre unas ruinas anteriores-- en el marco del Plan de Arquitectura Defensiva de Andalucía.

En el 2008, se destinaron 29.400 euros para las labores de desescombro, limpieza y desbroce en el castillo.

En  el 2009 año, se invirtieron 69.700 euros en la realización en su interior de una excavación arqueológica con la finalidad de retirar todos los rellenos existentes en el patio y en las dependencias adyacentes para recuperar los niveles de solería del edificio y vaciar las posibles estancias soterradas.
En este año se ha empezado a elaborar un primer documento de diagnóstico del monumento y se han iniciado los trabajos de topografía, fotogrametría, fotografía y de levantamiento planimétrico del estado actual del recinto amurallado y del castillo  para los que se han destinado 20.800 euros. Para completar el estudio previo del estado inmueble está pendiente la realización de un análisis de los materiales presentes en el edifico, así como de las alteraciones existentes en los mismos.
El día 10 de marzo de 2009 el Consejo de Gobierno  aprobó inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con la categoría de Monumento, las fuentes de la Noria, El Pilar y el Chorrito. Junto con ello, el Consejo también ha establecido la delimitación del Castillo de Gahete, fortaleza del siglo XV situada en el mismo enclave, y un entorno de protección común para toda la zona.
Las fuentes fueron construidas a finales del siglo XVI y de ellas la mejor conservada es la del Pilar, ubicada junto al acceso al castillo desde la población e integrada por cuatro elementos.
Así, la componen un pilar octogonal con cuatro caños de bronce; un abrevadero de 40 metros de longitud; un lavadero rectangular a cuyos laterales se adosan hasta 40 pilas, y la alberca para el riego de las huertas próximas. Este conjunto se encuentra rodeado por una elevación con una balaustrada de granito a modo de balcón.
Por su parte, la Fuente del Chorrito se sitúa junto a un camino cercano al arroyo Caganchas y consta de un pilar de granito rematado con frontón y un zócalo a media altura bajo el que se sitúa la salida del agua.
La tercera de las fuentes, denominada de la Noria, también está junto al arroyo, en el lado suroeste del castillo, y de ella sólo se conserva la plataforma ovalada de mampostería.
En cuanto al Castillo de Gahete ya estaba protegida por la Ley del Patrimonio Histórico Español, si bien ahora se delimita con una extensión de 25.648 metros cuadrados y se le dota de un entorno de protección paisajística de 449.460 metros cuadrados que también incluye las tres fuentes declaradas Monumento.

El 18 de febrero de 2010 la Fuente del Pilar es sometida a una importante restauración. La intervención en este espacio ha tenido como objetivo la rehabilitación del complejo hidráulico, así como la adecuación de su entorno inmediato. Esta actuación fue adjudicada a la empresa Cooperativa de la Construcción de Villanueva de Córdoba y ha supuesto una inversión de 400.517 euros.



La Junta de Andalucía recoge en su presupuesto para 2013 una partida para iniciar las obras de restauración del Castillo, que supondrá una inversión total de 1,5 millones de euros, e incluirá la rehabilitación de un pequeño caserío existente junto al Castillo, para su uso como centro de recepción. Se prevé un recorrido exterior para ver su fachada, el acceso interior por la plaza de armas, salas expositivas y la rehabilitación de la torre del homenaje, que mide 48 metros de altura, y desde cuya terraza se divisa toda la comarca de Los Pedroches. 
La Junta, hasta el año 2013, lleva invertidos 2,1 millones de euros, incluido el importe de su compra.
Casa de Osuna construida con piedras y artesonado del castillo

DOCUMENTOS ANEXOS



JUICIO ENTRE BELALCAZAR Y TOLEDO



CAMINOS DE CÓRDOBA A TOLEDO


LEYENDA

A los quince años y por muerte de su padre, hereda don Juan de Sotomayor el Condado de Belalcázar y todos los bienes del mayorazgo, es aun tan joven que accediendo a los deseos de su madre doña Elvira de Zúñiga, continuó sus estudios con gran aplicación de lengua latina y filosofía natural, así como la formación religiosa con la lectura de la vida de los Santos más ilustres, y la militar con libros de caballería y vida de capitanes famosos.
Alternaba el estudio con sus dos grandes aficiones, la caza y el amor.
En un castillo próximo a Belalcázar, residía una adolescente, de cabello rubio, mejillas sonrosadas y ojos azules, llamada Elvira, que huérfana de madre vivía al cuidado de dueñas complacientes, que permitían frecuentes entrevistas de su ama con el enamorado don Juan, no solo en el campo sino también en el castillo.
Este idilio fue interrumpido, por ausencia temporal de don Juan, que al mando de sus mesnadas acudió al llamamiento real, con motivo de la ruptura de hostilidades con el rey de Granada. Acabada la guerra, regresó a sus estados deseoso de ver a su enamorada y olvidar las penalidades y horrores de la campaña. Pero esta ilusión se trocó en pena, al enterarse que doña Elvira había contraido matrimonio con el noble y poderoso señor don Alfonso de Espinosa.
Con deseos de venganza, emprendió la marcha hacia el castillo que albergaba a la traidora pareja, llegando al anochecer no como caballero, sino como un ladrón. Al brillar la luna, cantó sus querellas, y al terminar se le acercó un hombre embozado en la capa. Desenvainan las espadas y luchan con furor, se suceden las estocadas y don Juan para facilitar sus movimientos, arrojó al suelo la capa, que al extenderse mostró la cruz de Alcántara. Al verla su contrincante, desapareció con un horrible trueno, quedando el de Belalcázar aterrado y confuso.
Creyendo don Juan que lo ocurrido, fue un aviso celestial, renunció a riquezas y poderío, ingresando en el Convento de Guadalupe, con el nombre de fray Juan de la Puebla.
Aunque esta leyenda está llena de fantasía y errores, pues don Juan no estuvo en la guerra y tampoco perteneció a la Orden de caballería de Alcántara, algo fuera de lo normal debió ocurrirle pues escribe a su madre la siguiente carta:
"Señora, reconociendo a vuestra merced por mi madre, a quien debo más el haberme hecho el alma en la verdad y luz de ella, que con ejemplar vida, consejos y cuidados, me ha cuidado, que el haberme hecho el cuerpo a lo natural. Doy aviso de mi resolución y la causa motivo de ella a vuestra merced. Dispuso la Divina Providencia que su gracia comenzase a echar raíces en mi alma, para que conforme mi voluntad con la de mi Creador, naciese el reposado descanso del espíritu, siendo tan sagrado vínculo, que no permite desunión en lo que va tanto. Andando divertido en la caza, siguiendo una fiera, me hallé solo en empresa y fin de ella. Vime cercado de fuego oscuro y negro tal que pude pensar era mensajero del infernal del juicio, y más propiamente pude entender era el mío particular, oyendo voces y gemidos de condenados, en otra más eficaz que me intimó: El que no renuncia todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. Quedé desengañado de este caduco y engañoso mundo, y entendiendo era llamado para lo eterno, hice voto a mi Dios de ser Religioso".
"No puede negar vuestra merced ser esta acción grata a Dios. Quedo aguardando el consejo y bendición de vuestra merced, que espero cuanto más presto".
En el año 1471 y con dieciocho de edad, el Conde de Belalcázar, toma el hábito de San Gerónimo en el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, con el nombre de fray Juan de la Pueblo. Ocho años después marcha a Roma, y obtiene permiso del Papa Sixto IV, para cambiar de orden religiosa, tomando el hábito de San Francisco.
En el año 1486 se traslada a Belalcázar, para encargarse de la educación de su sobrino don Alonso de Sotomayor, que muy niño heredó el Estado. Con este motivo se ocupa fray Juan de la erección de nuevas casas de la Orden y funda en el término de Hornachuelos el Convento y Provincia Franciscana de los Angeles, que fue visitado por los Reyes Católicos en 1494.
Fray Juan de la Puebla, virtuoso, bueno y cariñoso, respetado y querido por todos sus hermanos de Religión, muere ejemplarmente en su nuevo Convento el año de 1495 (44).

LA MANIOBRA EN LOS EJERCITOS CRISTIANOS MEDIEVALES

Los Ejércitos hispano cristianos en la baja Edad Media, no solo en su organización, sino en la Estrategia, Táctica y Logística, se regían por un conjunto de rígidas reglas y costumbres, fruto de varios siglos de continuas luchas, con los musulmanes peninsulares y de ellos entre sí.
En la marcha de aproximación, y a la cabeza de la hueste, iban siempre adalides y guardadores distinguidos entre los demás por sus conocimientos prácticos del terreno, y una de las misiones que se les asignaba era la de elección de Campamento. El elegido para la hueste debía ser bastante capaz para contenerla, de modo que no estuviese oprimida ni embarazada para practicar movimientos y manejar las armas en un instante crítico; debía estar en un sitio dominante, o llano ligeramente inclinado y despejado, evitando las tierras pantanosas y quebradas, siendo esencial la existencia de agua abundante y pastos en sus inmediaciones.
Nunca se acampará en las faldas de cerros y colinas, pues podría ocuparlas el enemigo para atacar y destruir la hueste a favor de sus posiciones dominantes. Cuando el Campamento se instala en campo raso y despejado, se circunda con cerca de carros o con estacas clavadas en el suelo y enlazadas entre sí con cuerdas y cadenas, a falta de estos elementos se aproximan las tiendas hasta el punto de establecer entre ellas una solución de continuidad.
La colocación de la hueste depende de las características del terreno, adoptándose en su caso, la distribución en círculo, rectángulo o cuadrado.
La tienda del Rey se sitúa en el centro, y la rodean, figurando un alcázar, las de los oficiales y personas destinadas a su inmediato servicio con las puertas enfrentadas a la tienda del monarca, dejando espacio suficiente para el paso al aposento real de las personas que tuvieran que visitarlo, y a su vez estar lo suficientemente próximos para acudir a defenderle en la primera alarma. Seguían después inmediatamente las tiendas de las huestes o contingentes de los pueblos, y a su alrededor formando una especie de muro, las de los caudillos y capitanes. Las tiendas de las huestes estaban separadas de las de los capitanes, por una calle interior, circular o recta según la forma del campamento, cuando era cuadrada se organizaban dos o cuatro calles.
Previo a la ocupación del Campamento se colocaban vigilantes en los puntos más elevados de las inmediaciones, los cuales no abandonaban sus puestos hasta que desfilara por ellos la retaguardia, a fin de evitar que ésta quedara aislada en un ataque por sorpresa, y el mismo motivo hacía que el Rey y su inmediato séquito permanecieran a caballo, hasta que todas las fuerzas hubiesen entrado en el campamento.
Cuando la permanencia de la fuerza acantonada se prolongaba algún tiempo, los caudillos redoblaban su celo y enviaban patrullas a que recorriesen los alrededores tanto de día como de noche, para alertar y proteger a la tropa de posibles ataques enemigos.
En el cerco de plazas fuertes o castillos, y en el caso de contar con fuerza suficiente para cubrir el perímetro, se organizaba una fuerte trinchera alrededor de la fortaleza, a cuyo amparo esperaba la hueste que los continuos combates y el hambre acabasen con la resistencia de los sitiados.
En el caso de que se contara con pocos efectivos, para mantener la línea del cerco, se fraccionaban en varios contingentes situados frente a las puertas de la fortaleza, y así impedir la entrada de bastimentos, y salida por sorpresa de las fuerzas sitiadas.
En ambos casos se construían sólidos atrincheramientos y abrían fosos profundos, con lo que además de fijar la zona de acción de los sitiados y dificultar el acceso de refuerzos a la Plaza, ponían a la hueste a cubierto de cualquier rebato. Estos atrincheramientos eran corrientemente de madera, pero también se organizaban con piedras y mampostería.
Con objeto de infundir desaliento a los sitiados y estimular el interés de los sitiadores, se repartían entre estos las tierras del ruedo, que las cultivaban, y recolectaban los frutos a la vista de los cercados, que contemplaban con dolor y rabia, en manos del enemigo aquellos bienes que representaban sus subsistencias, propiedades y afectos sentimentales.
Esta manera de hacer la guerra atacando con todos los medios del hombre y con el auxilio de ingenios, se llamaba combatir. Si el cerco era tan apretado y riguroso que los sitiados no pudiesen optar más que en la terrible alternativa de perecer o rendirse, se denominaba embarro.
Una modalidad del combate en el asedio de plazas, era el torneo, que tenía lugar cuando los caballeros que la cercaban peleaban con los de la guarnición y una vez terminada la lucha, se retiraban ambos para unirse a las respectivas fuerzas.
Otra modalidad de combate era la explanada, en la que los sitiados caían impetuosamente y de rebato sobre los sitiadores, y pugnaban por desalojarles de sus trincheras o al menos originarles graves quebrantos (1).


NOTAS

1. - Conde de Clonard. Historia Orgánica de las Armas de Infantería y Caballería españolas, tomo I, pág. 448.
2. - F. Hernández Jiménez. Gafiq, Gahet, Gahete=Belalcázar. Al-Andalus, Vol. IX, año 1944.
3.- R. Ramírez de Arellano. Inventario Artístico y Monumental de la provincia de Córdoba. Manuscrito en poder de las hijas del Autor.
4. - E. Lévi-Provencal. España musulmana, tomo V, pág. 27 de la "Historia de España", dirigida por R. Menéndez Pidal; Elías Terés. Linajes árabes en Al-Andalus, Revista Al-Andalus, Vol. XXII, año 1957.
5. - Mohamed Al-Edrisi. Descripción de España, pág. 205 del Volumen "Viajes de Extranjeros por España y Portugal" de Ediciones Aguilar.
6. - Al-Himyari. Kitab Ar-Rawd Al-Mitar, traducido por María del Pilar Maestro González, pág. 286.
7. - F. Hernández Jiménez. El Camino de Córdoba a Toledo en época musulmana.
Al-Andalus, Vol. XXIV, año 1959.
8. - Pascual de Gayangos. Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominadadel .'oro Rasis, pág. 51.
9. - Fr. Juan Ruiz. La Ilustre y Noble Villa de Hinojosa del Duque, págs. 79 y 88.
1o. - E. Lévi-Provencal Ibidem, tomo IV, pág.
11. - E. Lévi-Provencal. Ibidem, tomo V, págs. 8o y siguientes.
12. - Enrique Flórez. España Sagrada, tomo XXIII, pág. 403. Anales Toledanos II.
13.- Fr. Juan Ruiz. Ibidem, pág. 76.
14. Henrique Flórez. Ibidem, pág. 388. Anales Toledanos I.
15.- Ambrosio Huici. Un nuevo manustricto de Al-Bayán Al-Mugrib. Revista Al-Andalus, Vol. XXIV, año 1959.
16.- Ibn Idari. Al-Bayan al Mugrib. Traducción de Ambrosio Huici, pág. 303.
17.- F. Hernández Jiménez. Gafiq, Gahet, Gahete=Belalckar. Ibidem, pág. 84.
18.- Al-Himyari,/bidem, pág. z80.
19. - Cronique latine des Rois de Castille, ed. Cirot, págs. ros-ro8.
2o. - Primera Crónica General, publicada por R. Menéndez Pidal, tomo I, pág. 731.
21. - Documento original latino en el Archivo Histórico Nacional. Orden de San Juan de Jerusalén, leg. r r, n.° 13.
22. - V. Ribera Romero. La Carta de Fuero concedida a la Ciudad de Córdoba por el Rey D. Fernando III. Córdoba 1881.
23. - Bullarium Ordinis Militiae de Alcántara, pág. 5o.
24.- Se refiere al mercurio metálico y al sulfuro de arsénico.
25. - Documento núm. 1.
26.-- Carta estimationis. Lucena rz de Marzo de 1264. Libro de las tablas en que están copiados instrumentos antiguos de derechos y propiedades del Cabildo. folios 615v° y 67r°. Archivo Catedral de Córdoba. La finojosa asignada a don Pelegrin, se refiere a los actuales cortijos de Hinojosa, ribereños del arroyo de la Leche cuatro kilómetros al SO del cortijo de Pradena.
27.- Documento núm. 2.
28.- Documento núm. 3.
29. - En todo lo referente a esta época mientras no se indique otra referencia, seguimos a M. Muñoz de San Pedro. Don Gutierre de Sotomayor. Cáceres, 194,9.
3o. - Luis Suárez Fernández. Los Trastamaras de Castilla y Aragón en el siglo XV. tomo XV de la Historia de España dirigida por R. Menéndez Pidal.
31.- Crónica de Don Alvaro de Luna. Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo. Madrid, 194o, pág. 444.
32. - Merced del Rey don Juan II concediendo la villa de Alcocer, sus términos y vasallos a don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara, con facultad para fundar mayorazgo sobre las villas de Gaete e Finojosa. M. Muñoz de San Pedro, Ibidem, nota de la pág. 5o.
33. - Crónica de Don Juan Segundo. Cap. XIX, tomo 68 de la Biblioteca de Autores Españoles.
34. - Documento núm. 4.
35. - Luis M. Ramírez de las Casas Deza. Corografía histórico-estadística de la provincia y obispado de Córdoba-Belalcázar. Córdoba, 184o.
36. - Fr. Juan Ruiz. lbidem, pág. 24.
37. - Traslado simple que comprende una carta pragmática Sanción del Señor Rey Don Enrique dada en Salamanca a de Junio de 1465, sobre restituir a esta Ciudad de Córdoba, los lugares de Gahete la Hinojosa, Fuente Obejuna y Belmez. Archivo Municipal de Córdoba,  Documento n.° 6.
38. - Colección de documentos inéditos para la Historia de España, tomo LXXXI. pág. go, Ario 1883.
39. - Luis M. Ramírez de las Casas Deza. lbidem. Fr. Juan Ruiz en su obra citada recoge una declaración de testigos del año 1594, que se archivaba en el Archivo Municipal de Hinojosa, que decía "el primer conde de venalcazar su sucesor [de don Gutierre de Sotomayor] edificó la fortaleza que oy tiene, y su casa y le puso nuevamente Este nombre de benalcazar que antes no lotenía".
4o. - A. Bernaldez. Memorias del reinado de los Reyes Católicos. Edición M. Gomez Moreno y Juan de M. Carriazo, Madrid tg62. pág. 152.
41. - Luis M. Ramírez de las Casas Deza. Ibídem.
42. - G. Delgado Gallego. El Castillo de Belalcázar. Córdoba 1912, pág. 14.
43. - Luis M. Ramírez de las Casas Deza. Ibidem.
44. - G. Delgado y Gallego. Ibidem.
44. - Rafael Fernández González


APENDICES
Con objeto de facilitar la rápida lectura de los documentos medievales que figuran en este trabajo se ha sustituido la letra “u” por la “y” cuando se emplea como consonante. Al no existir en la Imprenta el signo ortográfico equivalente al adverbio allí se ha utilizado la letra “y” en cursivo.