lunes, 15 de julio de 2013

LA FÁBRICA DE HARINAS COMO PRIMERA INDUSTRIA MODERNA DE BELALCÁZAR Y COMO EDIFICIO REPRESENTATIVO DE LA ARQUITECTURA INDUSTRIAL DE SU ÉPOCA.



         Durante el siglo XX la fábrica de harina fue la primera y más representativa industria moderna de nuestro pueblo y me atrevería a decir que del  Valle de los Pedroches.

COMIENZOS

Ya en el año 1904 encontramos publicado dos artículos de prensa que hablan de la fábrica. El primero dice que en ese año se constituyó  por escritura pública una sociedad con un capital de más de un millón de reales y que inexplicablemente el proyecto tenía algunos detractores dentro del vecindario y el segundo habla de que había 50 trabajadores haciendo los cimientos. Ambos artículos publicados en el periódico Defensor de Córdoba  diario católico Año  - 1904 febrero 8.




Por otra parte, en ese mismo año, encontramos un plano de la población con el trazado de las líneas eléctricas que parten desde la fábrica, las líneas principales están marcadas en rojo y de ellas salían las secundarias que cubrían todo el pueblo. Como se indica en el plano  el edificio estaba en construcción.

MARCADAS EN ROJO LAS LÍNEAS PRINCIPALES QUE PARTEN DE LA SUB-ESTACIÓN

D. Claudio Rodríguez en el año 2.012 escribió un  artículo que decía:
“ El ingeniero don Antonio Rubio Murillo emitió un informe y memoria, el 15 de julio de 1969, solicitados por el Sr. Gobernador de Córdoba a los efectos del Reglamento de Actividades Nocivas, Molestas, Insalubres y Peligrosas sobre la Fábrica de Harinas de Belalcázar acompañando el plano de situación con sus múltiples dependencias a escala 1:1.000. Este informe-memoria se encuentra en el archivo municipal de nuestro Ayuntamiento.
        Según el informe, la fábrica de harinas está en funcionamiento desde 1908, emplea maquinaria y sistemas de la patente Daverio, nunca ha habido quejas del vecindario ni del Municipio en relación a posibles molestias o efectos nocivos, insalubres o peligrosos.
         Se encuentra situada en el extrarradio de la población. El solar propiedad es de unos setenta mil metros cuadrados y casi en su centro se encuentran las instalaciones fabriles. Lo demás son viviendas, oficinas, almacenes, cocheras y patios de aparcamiento.
         Las principales maquinarias de la instalación de molienda son: 
- 7 molinos dobles; 
- 3 de 80 ctms. = 4,800 m.; 
- 4 de 60 ctms. = 4,800 m.; 
- 2 desatadoras; 
- 3 cepilladores (2 auxiliares); 
- 3 Planchister, 1 de 8 calles y 2 de 6; 
- 1 satinadora; 
- 2 deschinatadoras, 1 de 8 calles y 6 de repaso; 
- 3 triarbejones; 
- 1 despuntadora; 
- 1 monitor; 
- 2 rociadores; 
- 1 recolector de harina de 300 mangos; 
- 1 aspirador general en 3ª planta; 
- 2 ciclones de polvo en la zona de limpia de 3ª planta; 
- 1 ciclón de polvo acoplado a la satinadora en 2ª planta.

         No existe peligrosidad en la conducción eléctrica en alta o transporte de energía en baja ya que el transformador general de la población está situado en terrenos de la propia fábrica. La potencia total instalada es de 110 cv.
         La fábrica está dotada de agua corriente y alcantarillado unido a la red general.
         Las condiciones del edificio, de tres plantas, construido con muros de 80 cm. de espesor hacen que las vibraciones y ruido de los motores no se transmitan al exterior.
         La producción diaria, en las 24 horas, es de 18.000 kilogramos de harina.

              Familiares directos de los primeros socios fundadores dicen que la Sociedad Electroharinera de Belalcázar nunca produjo grandes beneficios económicos ya que  la suma de gastos se aproximaba mucho a la de ingresos.
         En la fotografía  siguiente del año 1927  figuran los 21 operarios que tenía la Fábrica en ese año.

Foto cedida por Claudio Rodriguez

         La firmeza de la Sociedad se iba debilitando y entró en crisis con la guerra civil en la que murieron doce socios, entre ellos su presidente, más tres empleados.

Al iniciarse la guerra, la fabrica fue incautada por el Comité a sus propietarios por su participación en la rebelión militar. Posteriormente pasó a ser propiedad del Consejo Municipal, siguiendo en la dirección de las oficinas el antiguo gerente  Sr. Márquez, y en la dirección un responsable, Luis Núñez, albañil de profesión.
         Las adversas circunstancias obligaron a que, pasada la guerra, se constituyera una Junta de Liquidación de Bienes de Empresa, en la que actuó como presidente, don Feliciano Delgado Gallego y como secretaria primera, doña Francisca Juana Murillo. La Junta vendió, en diciembre de 1942, por separado, la Fábrica de Harinas a don Francisco Vicente Pérez y la Eléctrica a doña María Delgado García, accionista, en pago de una parte del dinero que se le adeudaba.
         Don Francisco Vicente puso en funcionamiento la Fábrica introduciendo reformas tanto en la maquinaria como en la gestión de empresa, que dieron como resultado el aumento de producción.
         D. Federico Seco Bejarano, un trabajador que desde muy joven, desde los primeros años de la posguerra hasta su cierre, estuvo en la nómina de empleados de la fábrica, dice que la maquinaria principal se ubicaba en la planta baja donde se hallaban tres grandes motores que ponían en movimiento tres enormes bobinas o dinamos que generaban electricidad. Esta electricidad producida era la misma que después se distribuía por la red del pueblo y hacía funcionar la maquinaria de la Fábrica que molturaba el grano convirtiéndolo en harina.
Los motores, que en aquellos años de la posguerra ponían en movimiento el sistema electromagnético de las grandes bobinas, obtenían su energía del gasógeno producido por la combustión de carbón, que procedente de las minas de antracita de Peñarroya llegaba a la Fábrica en camiones.
De la molienda del trigo se obtenían varias clases de harina como las empleadas para elaborar pan blanco, más caro, y pan moreno, más barato, dos variedades del pan que se cocía y vendía en dependencias de la fábrica, por las calles y en  puestos repartidos por el pueblo. También se cocían tortas de pan de harina de cebada, en esos primeros años de la posguerra cuando el pan estaba racionado. A la Fábrica llegaban, además de los vecinos, gentes de otros pueblos a moler diferentes clases de grano y comprar los piensos que se elaboraban para el ganado.
         Por estos años trabajaban en la Fábrica unas 12-14 personas entre molineros, panaderos, electricistas, mecánicos, encargados de planta, conductores, descargadores, guarda, oficinistas y ejecutivos.
En la casa de la Fábrica vivía un encargado, la casa se compone de dos plantas, con tejado a cuatro aguas y ocho ventanas a la carretera; en el piso bajo estaban las oficinas.
         Se dejó de hacer pan en la Fábrica y se cerró el horno en 1967.
         Acogiéndose a nuevas leyes gubernativas la Fábrica de Harinas de Belalcázar se cerró oficialmente en julio de 1975. La maquinaria se vendió como chatarra. El edificio principal fue adquirido por don Alfredo Pizarro y el resto de dependencias: viviendas, oficinas, almacenes y cocheras pasaron a propiedad de otros compradores.
         Finalmente la Eléctrica de Belalcázar se vendió, en julio de 2001, a Industrias Agropecuarias de Los Pedroches”.

VISTA GENERAL DE LA FÁBRICA

DESCRIPCIÓN DE LOS EDIFICIOS PRINCIPALES

D. Federico Seco no narra que la fábrica contaba con dos grandes almacenes de trigo, el principal que en la actualidad es la cochera de D. Luis Vélez “El Toqui” y otro anexo separado de este por una calle estrecha, que era el que tenía la tolva que alimentaba la fábrica.
Después de la guerra el almacén principal se le alquila al Servicio Nacional de Productos Agrarios (SENPA) y era donde se recogía el trigo producido en Belalcázar e Hinojosa, a este almacén se le conocía con el nombre de “LA COMARCAL”. En años de buena cosecha de trigo se habilitaba otra nave como almacén. Esta nave era la actual carpintería de D. Francisco Charavías, en aquellos tiempos se utilizaba habitualmente como cochera del camión de reparto y como almacén de la sal. Como anécdota  podemos contar que un año se llenó tanto de trigo que la pared que está junto al arroyo reventó como consecuencia de la presión, llenándose todo el cauce de trigo.
Anexa a esta nave había otra que era el despacho de pan y la panadería que era muy grande y tenía tres hornos además de todas las maquinarias necesarias para la fabricación del pan.
La nave de la Sala de Maquinas, albergaba los tres grandísimos motores de gasógeno que tenían unos volantes de inercia de 3.000 kilogramos de peso y un diámetro de dos metros. Cada motor era de un solo pistón de unos 60 centímetros de diámetro. Para arrancarlos se utilizaba un compresor de aire que llenaba un enorme calderín de presión, cuando el calderín alcanzaba la presión, se soltaba el aire que empujaba el pistón haciéndolo mover hasta que daba las primeras explosiones y se movía por si mismo. Cuando había que arrancarlos y no había aire en el calderín del compresor, se hacía a mano tirando de una correa de más 10 metros de longitud y unos 30 centímetros de anchura entre todos los hombres de la fábrica, nunca menos de 10 pues con menos no se podía mover.
La actual nave de D. Alfonso Copé, “El Casti”, que se encuentra haciendo esquina con el arroyo, era el molino de piensos. En un principio este molino era de piedra, las piedras eran artificiales y movidas por un motor, posteriormente fue sustituido por un molino  eléctrico.
En la parte trasera y separado de la fábrica de harina por un patio, estaba el transformador eléctrico que era denominado la “Sub-estación”.
La actual cochera de D. Alfredo Pizarro, era el almacén de harina.
El edificio principal que era de tres plantas estaba dedicado a:
Planta baja : Estaban los molinos y la envasadora de los distintos tipos de harina y subproductos.
Planta 1ª :  Se encontraban las distintas tuberías, elevadores y  cribas, era donde se separaba el “salvado” la cascarilla del trigo.
Planta 2ª :  Era la planta de cernido.
         Este edificio principal  permanece, aun, erguido y esbelto aunque aquejado  de abandono con el inexorable deterioro del tiempo. Es una de las construcciones  emblemáticas del pueblo, sobresale en altura después de las torres de la iglesia y del castillo. Su planta es rectangular con medidas aproximadas de 28 x 9 m. Siguen intactas sus  paredes de más de 80 cm de grosor sin una grieta que amenace la seguridad y resistencia. Consta de tres plantas con unos 4 m. de altura cada una. Cada planta tiene siete grandes ventanales en las fachadas este y oeste, más dos en las fachadas norte y sur. El tejado está construido con fuerte inclinación para cada una de sus dos vertientes y con dos buhardillas en la vertiente este; las cigüeñas anidan en las esquinas norte y sur del caballete.
Su interior conserva el excelente entarimado de sus plantas y las robustas jácenas del armazón de la techumbre aunque aparece ya algún hundimiento en la cubierta del tejado.
Sus fachadas y aspecto exterior recuerdan la sobriedad herreriana pero tienen la grandiosidad, altura y el estilo propio que caracteriza ese tipo de construcciones industriales edificadas en España durante las primeras décadas del siglo XX.
         Actualmente el edificio no tiene ningún uso pero su esbeltez, elegancia, solidez y amplitud lo hacen merecedor de algún destino, público o privado, digno de un inmueble que guarda, en su vacío interior, un capítulo relevante de la historia de nuestra industria local alimentaria.
Se están rehabilitando silos del antiguo Servicio nacional del trigo que aunque tengan la ventaja de ser estatales no disponen de la luminosidad y armonía de nuestra Fábrica.
         Según su propietario, Alfredo Pizarro, no son pocos los que entre interesados, curiosos y restauradores se acercan a preguntar atraídos por lo llamativo del edificio. Él lo tiene en gran estima pero su mantenimiento es costoso y no le importaría cederlo o venderlo  siempre que el fin y  las condiciones fuesen aceptables.


       Durante la guerra civil y después de ella la emisión de vales privados debió de ser abundante en la comarca de los Pedroches. Sin embargo, muy pocos de estos vales han llegado hasta nuestros días. Debieron de emitirse en bares, pequeños comercios e industrias ya fuesen privadas o colectivizadas.
En  Belalcázar la Sociedad Electro- Harinera  tenía vales de tamaño rectangular, en cartulina fina, color grisáceo e impreso con letras negras, esto vales los había de una cuartilla, de una fanega de pan y además monedas de panes, expongo las de medio, uno y cuatro panes.


En el archivo municipal encontramos actas de fecha 23-06-37 y fecha 19-07-37 en las que aparecen diversas referencia de la existencia de  vales comerciales en la localidad como, bonos “de cantina”, “de crédito” y “de beneficencia. 


 FOTO: MANUEL VIGARA BEJARANO
FOTO: MANUEL VIGARA BEJARANO


FOTO: MANUEL VIGARA BEJARANO




FOTO: MANUEL VIGARA BEJARANO
 EDIFICIO PRINCIPAL
 PLANTA BAJA DE MOLINOS Y ENVASADORA
 DETALLE DEL FORJADO PLANTA BAJA
 ESCALERA DE MADERA DE SUBIDA A LAS PLANTAS
 PLANTA PRIMERA DEL SALVADO
 DETALLE FORJADO 1ª PLANTA
 2ª PLANTA Y CUBIERTA
 DETALLE DE UNA TOLVA
ALMACÉN DE LA HARINA
ALMACÉN PRINCIPAL DE TRIGO "LA COMARCAL"
SUB-ESTACIÓN ELÉCTRICA

PICA EN LA IMAGEN PARA VER EL INFORME
Documento facilitado por D. Feliciano Casillas Sánchez, extraído del archivo municipal.