miércoles, 24 de julio de 2013

RINCÓN DE ANTONIO LÓPEZ


LA ARGOLLA DE LOS REOS


D. José Luis González Peralbo, en un impresionante e interesante estudio sobre la comarca de los Pedroches en la guerra de la Independencia, nos relata el restablecimiento de una curiosa tradición de nuestro pueblo que no es otra que la de ARGOLLA DE LOS REOS,  que consistía en atar todos los días a los delincuentes comunes a una argolla que estaba en la esquina de la plaza, en la actual pared de la Oficina de Turismo, para que fuesen visto por todos.
D. Jose Luis escribía:
La comarca estaba fraccionada en las conocidas tres zonas existentes desde hacía tiempo: las tierras de los señoríos de Belalcázar y de Santa Eufemia y las correspondientes a las Siete Villas de propiedad realenga. Las dos últimas quedaban incluidas bajo la demarcación territorial cordobesa, en cambio el condado de Belalcázar formaba parte de la provincia de Extremadura. Administrativamente, el gobierno directo de buena parte del territorio pedrocheño estaba a cargo de dos corregimientos cuyos titulares residían, respectivamente, en Pozoblanco y Villanueva de la Serena.
Nada más tomar posesión del cargo el corregidor publicaba un edicto o bando de buen gobierno que recogía las líneas maestras de su pretendida actuación. Estos bandos muestran de forma bastante diáfana la personalidad e ideología del recién nombrado. En el caso del que era teniente de corregidor y después sería corregidor de la zona belalcazareña, el licenciado Pedro Jacobo Pizarro y Jaldón, natural de Gibraleón, presentan a un personaje autoritario al máximo pero de claras ideas reformistas e ilustradas. En 1806 difunde un edicto que contiene aseveraciones como las siguientes:

Hago saber, que estando reducidas las obligaciones que me impone mi oficio a promover el bien y evitar el mal, es más conforme a mis deseos el que jamás se cometa éste que tratar de su remedio después de haberse cometido. Y para que así se verifique, exhorto, requiero y mando a todos y cada uno de los súbditos de ésta mi jurisdicción, cumplan y llenen sus respectivos deberes según la clase y estado en que se hallen constituidos.
Guárdese todo respeto y veneración a los Templos y Ministros de nuestra Sagrada Religión. No se ofendan de modo alguno las buenas costumbres, ni se perjudique directa ni indirectamente la salud y tranquilidad pública. Obsérvense las Leyes; y con sujeción a ellas, obren todos el bien y huyan siempre de incurrir en el mal.
Sea eternamente Belalcázar la emulación de los demás pueblos; y si, lo que no es de creer, habitase en su recinto alguna persona capaz de abrigar en su pecho sentimientos contrarios a éstos, auséntese precipitadamente antes de ponerlos en ejecución pues de lo contrario se le perseguirá con todo rigor, y sin la menor indulgencia.

Ciertamente no estaba advirtiendo en balde. Una de las primeras medidas que tomó tras emitir el bando anterior fue la de restablecer en la plaza pública de Belalcázar la argolla donde se exponían a la visión de los vecinos los convictos de robos y otros delitos, y lo justificaba de la siguiente manera:

…para contener los muchos y reiterados robos que se hacen de todas clases de ganados, colmenas y demás frutos del campo y habiendo de sufrir los reos la pena de sacarlos al público en el argollón por tres días, cuatro horas en cada uno, con la especie robada pendiente de su cuerpo, o al pié de él; con respecto a no haber en esta villa argollón, por haber desaparecido años hace el que había, hágase de nuevo y colóquese donde estaba el antiguo, que es en las esquinas de la Plaza dando vista a la calle Larga y demás que allí se reúnen…

Seis días después ya estaba instalada.
El afán por mejorar las buenas costumbres e impulsar el bienestar de la población queda también manifiesto en otras disposiciones tales como el encargo de todos los volúmenes publicados y los que se fueran publicando del Semanario de Agricultura y Artes; la orden de componer el reloj de la villa para que los vecinos no sufrieran el quebranto que ello suponía; acabar con un barranco contiguo a la Fuente Vieja, donde se estancaban las aguas y se bañaban los cerdos con el peligro consiguiente de infiltración en el manantial; y atender la posible recidiva de la espantosa epidemia sufrida en la zona meridional de España en 1804 para lo cual ordenó surtirse de diversas obras sobre la fiebre amarilla, la peste y otras epidemiologías.

                                                                            Fuente:
Blogs del Departamento de Ciencias Sociales, Geografía e Historia del IES "Antonio M" Calero" de Pozoblanco (Córdoba) España;
Conferencia sobre La Guerra de la Independencia en los Pedroches, de D. José Luis González Peralbo, en la Sede de Piedra y Cal el 11 de diciembre de 2008